Pues sí, me enamoré. Me enamoré como idiota,
de la única forma en que es posible enamorarse,
pues si no ¿cómo podría arriesgar la sonrisa
y seguir adelante,
a pesar de este hueco en la boca del estómago
que me hace parecer una dona?,
¿cómo podría olvidar que para debatir con mi razón
no puedo basarme en argumentos viscerales,
aunque no tenga más que la carne de gallina,
los suspiros y las alucinaciones en vigilia?

Y así voy por la vida con la felicidad pintada
en los labios y en los ojos
cada vez que te miro o que te escucho;
ahí voy como un payaso vagabundo
que siempre toma el camino más difícil:
el que lleva hasta tus brazos, hasta tus besos,
hasta los sueños lluviosos en que tu cuerpo promete
protegerme de una tempestad inevitable,
mientras yo finjo no darme cuenta
de que tu cuerpo mismo es la tormenta
que amenaza con hundirme.

Yo sigo dando funciones cada noche y cada día,
tropezando en el mismo lugar del escenario,
ése donde se encuentran tus vestigios,
la utilería de nuestro acto tragicómico,
en el que tú desapareces o yo desaparezco, o los dos,
una vez que hemos luchado inútilmente
por que dos cuerpos ocupen un lugar en ese espacio
que debería de ser tan sólo para uno,
nuestro acto fallido del que nadie se ríe,
porque todos insisten en que nadie lo entiende.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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