Cierro los ojos
y vuelvo a sentir tus besos, tus caricias,
el calor de tu cuerpo junto al mío…
y mis labios apresan de nuevo
las dos palabras que jamás han de pronunciarse,
porque eres un fantasma,
un espíritu errante,
un Eros que jamás debe ser visto,
pues no tolera las miradas.

 

Es demasiado tarde;
sin embargo, jamás habría sido temprano
cuando de espíritus se trata,
que vagan en el límite del mundo,
solitarios,
aunque estén en medio de una multitud de almas.

 

Me desvanezco.
Entre caricias y sueños me hago nada:
lo que fui ya no es más;
me transmuto en demonio entre tus brazos
y pierdo la razón
y ya no existo,
ya no en este universo
que nunca me ha aceptado,
al cual no pertenezco.

 

Es la primera vez en cierto modo,
la primera vez que acepto caminar
en este lado oscuro que me llama
a través de tu voz,
y ejerzo la labor del nigromante:
te invoco, te evoco,
me dejo poseer en cuerpo y alma
sólo para tener total certeza
de que no existe ni el hoy ni el mañana,
de que no hay un ahora ni un futuro,
sólo segundos,
sólo fragmentos de una nada
que quedará atrapada entre mis labios,
igual que esas dos palabras,
como maldición, como conjuro,
como el más funesto “abracadabra”.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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