Sabina Guzmán y Rita Cerezo

Mi niño jugaba en el lodo

y sonreía en medio de la suciedad,

sin saber que era una rata errante

en medio de un laberinto infernal,

yendo y viniendo sin ningún destino,

sin principios y sin un final

como el que proyectado en la pantalla

de un viejo cine lo ponía a soñar.

 

Mi niño resistente como tanque

al que un raspón o dos no hacen llorar,

mi niño tan frágil que podría romperse

igual que se rompe una copa de cristal

con un grito, un tono, una palabra,

con un golpe de la mano que lo debe acariciar.

 

Mi niño que platica con su eco,

mi niño que corretea a su sombra,

mientras le resquebrajan su capullo

que va dejando que se filtre el temor.

 

Mi niño que ha dejado de cantar

y que ha olvidado lo que es el amor,

para aprender del engaño,

la maldad, la indiferencia,

para entender del odio y del rencor.

 

Su corazón aun late, aunque muy débil,

se va perdiendo la tibieza en su piel,

el brillo de sus ojos ya no existe,

y su sonrisa es cosa del ayer.

 

En el estanque encuentra su reflejo,

su sonrisa enterrada en fango, tierra y hiel,

el cuerpo agonizante de su infancia

cubierto de una fría palidez

que no es más que la muerte que lo abraza,

para salvarlo del hambre y de la sed.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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