La primera vez que escuché hablar de una “selfie” fue hace unos dos años, era una noticia en donde hablaban de que el príncipe William de Inglaterra se había sacado una foto con una afortunada jovencita. Me sorprendió porque no sabía qué era una “selfie”; una vez enterada del asunto pensé que la jovencita era en realidad afortunada, no tanto por haber estado al lado del príncipe en cuestión, sino por el valor económico que tendría una foto así en el futuro.
Poco a poco y como sucede con la tecnología que siempre avanza a pasos de gigante, ahora es común que la mayoría de las personas tengan un teléfono “inteligente” y ya no es novedad encontrarse con “selfies” de todo mundo con todo mundo. Además no se quedan en su galería de fotos sino que son subidas a las redes sociales. Hay gente que no tienes idea de quién es, pero en tu “muro” tienes fotografías de ellos con otros célebres desconocidos.
Bueno, no digamos de tus conocidos que anuncian a la humanidad lo que desayunaron, comieron y cenaron. O de los viajes que han hecho, o hasta que han abordado un “uber” con destino a su trabajo.
No me siento exenta de estas actitudes, aunque he tratado de conservar la discreción lo más que se pueda. A lo mejor si viajara alrededor del mundo caería en la tentación de hacerlo, no lo sé.
Bueno, todo esto va porque el domingo en la tardecita que regresaba a mi hermoso Distrito Federal, después del puente por las fiestas patrias, la carretera estaba bastante cargada y me tocó ver algunos accidentes, afortunadamente nada grave. Uno de ellos me llamó la atención, bueno no el accidente en sí, que sólo era que la camioneta se había salido un poco del camino y se atoró en una bajada, los ocupantes tuvieron que bajarse y estaban parados en el acotamiento.
El señor, supongo que era quien manejaba, se veía un poco preocupado por enderezar la camioneta y la familia lo apoyaba. A un lado del grupo estaba una muchachita de cabello largo, de unos 18 años que se acicalaba, se buscaba el mejor ángulo y sonreía al sacarse sus “selfies” en diferentes poses.
Eso me pareció algo de lo más absurdo que yo había visto; mientras todos estaban ocupados en salir del trance, ella se notaba totalmente ensimismada como que lo que más le preocupaba era que el aire no la despeinara. Me imaginé que en un ratito estarían circulando sus fotos con sus amigos del “face”, con su consabido comentario “aquí casual, mientras los demás se parten la madre para sacar la camioneta”
También me quedé pensando que la foto del príncipe William con aquella jovencita inglesa seguro que ya perdió un poco su valor comercial, porque ahora ya no es tan difícil conseguir esos recuerdos y con eso pierde su espectacularidad.
No sé cuánto más avanzará la tecnología, ni a dónde nos dejaremos llevar, tampoco sé si esto es acercarnos más o encerrarnos en una soledad que nos obliga a gritarle al mundo que no se olvide de nosotros, que aquí estamos y lo demostramos mandando “selfies” sin ton ni son.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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