Según la Real Academia de la Lengua, la palabra zombi es de origen africano occidental, aunque también podría estar relacionada con el nombre de una serpiente sagrada en ciertas regiones de Nigeria y Congo, el cual a su vez proviene del término nzambi, que significa “dios o espíritu de una persona muerta”.

El concepto de zombi aparece originalmente asociado al vudú, y es en Haití donde encontramos mayor presencia de ello, sobre todo a partir del siglo XVII cuando, con objeto de trabajar en las plantaciones, se trajo de África a una gran cantidad de esclavos que practicaban la religión el vudú. Dicha religión tenía un aspecto negativo y a los sacerdotes que se inclinaban a éste se les denominaba bokor, es a ellos a quienes se atribuye la creación de los zombis, que eran personas a quienes se les inducía la muerte para luego convertirlas en esclavos de los brujos que, en muchos casos, eran explotados trabajando en las plantaciones.

Se les describe como seres dóciles, incapaces de hablar, con un rostro totalmente carente de expresión. Sin embargo, de acuerdo con la creencia popular, si los zombis ingerían sal, tomaban conciencia de su condición y podían llegar a atacar a sus amos para liberarse y regresar a sus tumbas a descansar; en el camino, podían toparse con sus familiares, lo cual dio lugar a varios testimonios que atrajeron la atención de los científicos. No obstante, muchos de los investigadores concluyeron que estos supuestos zombis no eran sino enfermos mentales, incapaces de llevar una vida normal y valerse por sí mismos; aunque aún permanecía la duda de por qué personas sanas que aparentemente habían muerto, de pronto aparecían reducidas a esta condición.

En 1982, Wade Davis, un etnobotánico prestigioso, fue enviado a Haití para hallar la droga usada por los bokor para zombificar a sus víctimas. Como fruto de esta visita, Davis escribió el libro La serpiente y el arcoiris, donde describe la zombificación en dos pasos: el primero, “un golpe de polvo” que provoca la muerte de la víctima; el segundo paso, luego de los servicios fúnebres, es la reanimación de la víctima, desenterrada por el bokor, mediante la aplicación de otros polvos, aunque lo que despierta es un ser sin voluntad, que servirá sin restricciones al hechicero.

Son estos los zombis que aparecen en las primeras películas que tratan el tema, como White zombie (1932), de los hermanos Victor y Edward Halperin, estelarizada por Bela Lugosi y que, por cierto, fue considerada un  plagio de la obra de teatro Zombie, y obtuvo malas críticas, aunque resultó del gusto del público. La trama es sobre un villano que posee una legión de zombis que trabajan para él, tal como los bokor haitianos.

En Invisible Invaders (Edward L. Cahn, 1959), Plan 9 from Outer Space (Ed Wood, 1959) y The Astro Zombies (Ted V. Mikels, 1968) hallamos ya una especie de transición, pues los cadáveres son reanimados sin ayuda de la magia y muestran ya agresividad por sí mismos, independientemente de quién los domine. No obstante, es The night of the living dead (George A. Romero, 1968) la que inaugura el subgénero de zombies tal como lo conocemos en la actualidad y que ha dado origen a una tipología muy bien definida:

  1. Zombie clásico: el asociado con el vudú.
  2. Zombie moderno: el muerto viviente que devora cerebros y que, con sólo una herida, provoca que su víctima caiga en la misma condición.
  3. Infectados: No son en sí muertos vivientes, pues están vivos, pero su modo de actuar es muy parecido ya que sólo actúan movidos por el instinto y atacan a quienes no están infectados como ellos, provocando que se contagien y actúen igual.

Night of the Living Dead, de George A. Romero, instauró el concepto de zombi moderno. La película se basó en un relato escrito por el director, Anubis, inspirado en la novela Soy leyenda de Richard Matheson, donde el protagonista es el único sobreviviente a una plaga que ha convertido en vampiros a todos los seres humanos. Anubis, fue transformado en guión por John Russo, quien junto con Romero, Russell Streiner y otros 7 amigos fundaron la productora Image Ten.

Para su primer proyecto, los jóvenes contaban con un presupuesto muy bajo que los llevó a tomar decisiones sobre el guión y la filmación que a la larga incidirían de manera muy positiva en el impacto de la película, por ejemplo, descartar la presencia de alienígenas por la complicación de los efectos especiales o utilizar el blanco y negro por ser más baratos los costos. Así, el casting estuvo conformado por dos actores profesionales: Duane Jones (Ben) y Judith O’Dea (Barbara), los propios miembros de la productora Harry y Hellen Eastman (el matrimonio Cooper) y un grupo de extras elegidos entre los ciudadanos de Pittsburgh.

La noche de los muertos vivientes indaga sobre el comportamiento de un grupo de personas en una situación límite.

No me importa lo que son. No me importa de dónde vinieron. Pueden ser cualquier desastre. Podrían ser un terremoto, un huracán, lo que sea. En mi mente, no representan nada para mí, salvo un cambio global de algún tipo. Y las historias son acerca de cómo la gente responde o no responde a este y eso es realmente todo lo que han representado para mí. Eso es lo que pensé en el libro de Richard [Matheson], en el libro original Soy leyenda, esto es lo que pensé que trataba el libro.[1]

Y lo que nos muestra es cómo la irracionalidad se apodera de los protagonistas, quienes terminan por volverse más inhumanos que su amenaza, fiel retrato de una sociedad decadente.

El final de la década de los 60’s fue un periodo de “efervescencia revolucionaria”[2] en todo el mundo, los jóvenes asumieron un papel activo en los cambios sociales (México, Francia, Polonia, E.U. etc.), y varios grupos relegados hasta entonces comenzaron a reclamar sus derechos (Black Power, Gay Liberation). En este contexto la trama planteada por Romero en La noche de los muertos vivientes no podía librarse de una lectura sociopolítica, a pesar de que Romero y los miembros de Image Ten han afirmado que en el momento de filmarla no eran conscientes de las interpretaciones que se ha hecho posteriormente a la película. No obstante, el film ha trascendido como el retrato de una sociedad en declive, lo cual la ha llevado a convertirse en una obra de culto y a formar parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

En La noche… queda patente el lado oscuro de la condición humana: los muertos vivientes no son sino una proyección de nosotros mismos; sin voluntad ni capacidad de raciocinio, sino guiados por un impulso destructor, los zombis de Romero pueden identificarse con las masas. No existe en ellos la individualidad, podría ser cualquiera y de hecho cualquiera a nuestro lado puede convertirse en uno de ellos de un momento a otro.

Los vivos, los que luchan por sobrevivir, son incapaces de ponerse de acuerdo y pierden el tiempo en discusiones infructuosas, desde el principio la institución de la familia es cuestionada cuando Barbara y Johnny visitan a su madre en el cementerio más por obligación que por otra cosa. Más adelante, la evidente falta de armonía en el matrimonio de los Cooper, que no pueden dejar de agredirse aún frente a su hija enferma, refuerza esta idea.

Priva el egoísmo y el autoritarismo en Ben y Harry Cooper, que son incapaces de llegar a un acuerdo y actúan llevados por la intolerancia y es significativo el hecho de que ambos sean de distintas razas y que, aunque parecen ser tan distintos en un primer momento, al final resultan ser muy parecidos.

Los medios de comunicación por otra parte, están presentes desde el inicio de la película, los protagonistas buscan enterarse de lo que sucede a través de estos –y sólo en eso concuerdan todos–, como si en ellos pudieran encontrar la verdad, pero no sucede así, pues encontramos diferentes hipótesis y desconcierto. A pesar de ello, no dudan en seguir las instrucciones que se les dan y su objetivo es llegar a alguno de los lugares sugeridos en la transmisión.

Al final, cuando las cosas parecen estar bajo control y los vivos recuperan el mando, las imágenes nos hacen reflexionar sobre la idea contraria, pues los muertos vivientes son cazados y acabados con saña –después de todo ellos actuaban por instinto, pero los vivos van más allá y muestran una crueldad sin límites–.

Esta premisa es explorada en las secuelas del propio Romero, como en Dawn of the Dead (1979), donde además se hace una crítica al consumismo en el que estamos envueltos, cuando vemos a los zombies recorrer el centro comercial de manera no muy diferente a como lo hacían mientras estaban vivos, o cuando los protagonistas olvidan su situación al recorrer las tiendas y elegir los productos sin limitaciones.

En la tercera parte de la serie, Day of the Dead (1985), la crítica se centra en la ambición por el poder, aquí los protagonistas son un grupo de militares y uno de científicos, encerrados en una base militar subterránea donde se llevan a cabo experimentos para tratar de controlar a los muertos vivientes. Destaca también Diary of the dead (2008) donde se cuestiona a los medios de comunicación y la manera en que manipulan la información, pero también al público, que parece insensible ante la violenta realidad que le rodea.

Y aunque muchas películas posteriores de este subgénero, como las del italiano Lucio Fulci, se quedan sólo en lo superficial: la violencia, la sangre, la muerte, encontramos dignas herederas de Romero que muestran esta sensibilidad para retratar y cuestionar la realidad actual, un digno ejemplo lo encontramos en Shaun of the dead, película inglesa dirigida por Edgar Wright, en 2004.

Pero recientemente, encontramos a los zombis presentes no sólo en el cine, sino también en la literatura, en cómics, en series de televisión, e incluso en nuestro entorno, en un salto a la realidad encarnados en los fanáticos que se disfrazan y marchan en multitudes alrededor del mundo. ¿Por qué los zombis son los monstruos de moda? Porque son nuestro mejor espejo como sociedad, “ellos son nosotros y nosotros somos ellos”, dice Barbara al final del remake de Tom Savini[3].

[1] Roberts, Sheila (2007). «Interview: George Romero» (en inglés). MoviesOnline. Consultado el 5 de mayo de 2012

[2] Expresión de Claude Lefort.

[3] Night of the Living Dead, 1990.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>