En 1983, Fancis Ford Coppola dirigió la película Rumble fish, que con el paso de los años se ha transformado en una obra de culto. Basada en la novela de Susan E. Hinton, la trama gira en torno al personaje de El chico de la moto, cuya imagen se dibuja a partir de la mirada de los otros y, en especial de su hermano menor, Rusty James. Así, este personaje se nos presenta como una especie de antítesis de Odiseo, pues ha regresado a casa después de haber hecho un largo viaje, pero, a diferencia del héroe griego, parece haber dejado su pasado atrás.

¿Qué es lo que lo relaciona entonces con el mundo heroico de los mitos griegos? El chico de la moto es percibido por todos como un modelo a seguir, como el líder que todos quieren ser y, al igual que los héroes míticos de las historias helenas, ha dejado tras de sí un cúmulo de historias que rayan en lo legendario, pues al parecer, a raíz de su partida toda una era, “la gran era de las pandillas” se terminó. Su negativa a volver a esos tiempos nos recuerda al Aquiles de la Ilíada que, ofendido, se niega a pelear al lado de los griegos a pesar de que éstos están siendo derrotados por los troyanos.

Rusty James, por su parte, representa a los jóvenes que intentan alcanzar la condición de héroes: igual que Patroclo, pretende emular a su hermano mayor y ocupar el puesto de líder de la pandilla, lucha con valentía, pero al final está a punto de ser vencido y debe ser rescatado por El chico de la moto una y otra vez. Rusty James insiste en que, si son hermanos, él necesariamente debe poseer esa grandeza que todos ven en su hermano, pero constantemente se enfrenta a la opinión contraria de aquellos que admiran al chico de la moto:

Tipo en el bar: El tipo es auténtico.

Rusty James: Yo seré igual que él, incluso tendré el mismo aspecto.

Tipo en el bar: Nunca serás como él.

Rusty James: ¿Cómo sabes? ¿Qué sabes tú? Seré igual que él.

Tipo en el bar: Nunca serás como este hombre. Él es único, ¿sabes?

Rusty James: Eso es verdad. Dale un poco de tiempo. Ya verás.

Tipo en el bar: Es como realeza en el exilio, ¿sabes lo que quiero decir?

Steve: ¿Hay algo que no pueda hacer?[1]

Más adelante es el Chico de la moto quien le brinda elementos para saber en qué está fallando, al decirle que nadie puede pretender ser un líder si él mismo no sabe exactamente a dónde quiere ir. Y el propio Rusty James acepta más tarde que, a diferencia de su hermano o su padre, no es capaz de entender “las grandes palabras” y eso hace que los demás muchas veces se burlen de él. En pocas palabras, lo que diferencia a Rusty James de esa figura heroica que representa su hermano es la falta de aretê, pues, a pesar de sus cualidades, no reúne las virtudes suficientes para ser considerado un líder o tener el respeto incondicional de sus amigos: es valiente y fuerte, pero también es imprudente y eso lo pone en peligro, pues no sabe cuándo terminar una pelea o incluso evitarla ni cuándo pedir ayuda; es ingenuo, confía demasiado y no mide las consecuencias de sus actos, por eso cae en la trampa de Smokey a quien creía su amigo y pierde el amor de Patty.

Rusty James tiene que hacer mucho más que confiar en su linaje para alcanzar la aretê. Para los antiguos griegos, ésta no podía ser alcanzada por cualquiera, la tenían los grandes héroes por cuyas venas corría la sangre de los dioses: Aquiles, Odiseo, Hércules, Teseo, Perseo, Eneas, pero fue alcanzada por ellos sólo cuando emprendieron su camino por sí mismos y enfrentaron su destino. Así, Telémaco, aunque es hijo del gran Odiseo, debe demostrar que merece la condición de héroe para luchar junto a su padre y es guiado por Atenea para lograrlo, este proceso para alcanzar la aretê es descrito por Homero en La Odisea, en el fragmento conocido como “Telemaquia” que va de los cantos I a IV.

Conque, vamos, escúchame y presta atención a mis palabras: convoca mañana en asamblea a los héroes aqueos y hazles a todos manifiesta tu palabra; y que los dioses sean testigos. Ordena a los pretendientes que se dispersen a sus casas, y a tu madre… si su deseo la impulsa a casarse, que vuelva al palacio de su poderoso padre; le prepararán unas nupcias y le dispondrán una dote abundante, cuanta es natural que acompañe a una hija querida.

A ti, sin embargo, te voy a aconsejar sagazmente, por si quieres obedecerme: bota una nave de veinte remos, la mejor, y marcha para informarte sobre tu padre largo tiempo ausente, por si alguno de los mortales pudiera decirte algo o por si escucharas la Voz que viene de Zeus, la que, sobre todas, lleva a los hombres las noticias.

Primero dirígete a Pilos y pregunta al divino Néstor, y desde allí a Esparta al palacio del rubio Menelao, pues él ha llegado al postrero de los aqueos que visten bronce. Si oyes de tu padre que vive y está de vuelta, soporta todavía otro año, aunque tengas pesar; pero si oyes que ha muerto y que ya no vive, regresa enseguida a tu tierra patria, levanta una tumba en su honor y ofréndale exequias en abundancia, cuantas están bien. Y entrega tu madre a un marido. Luego que esto hayas concluido, medita en tu mente y en tu corazón la manera de matar a los pretendientes en tu casa con engaño o a las claras.

Y es preciso que no juegues a cosas de niños, pues no eres de edad para hacerlo. ¿No has oído qué fama ha cobrado el divino Orestes entre todos los hombres por haber matado al asesino de su padre, a Egisto fecundo en ardides, porque había quitado la vida a su ilustre padre? También tú, amigo -pues te veo vigoroso y bello-, sé valiente para que alguno de tus descendientes hable bien de ti. Yo me marcho ahora mismo a la rápida nave junto a mis compañeros, que deben estar cansados de tanto esperarme. Tú ocúpate de esto y presta oídos a mis palabras.[2]

Así, en los consejos que Atenea da a Telémaco encontramos las virtudes que debe poseer un héroe y que están presentes en El chico de la moto: él es valiente, fuerte, un líder que no permite que le falten al respeto, pero que no abusa del poder que tiene sobre los demás, se ha atrevido a salir de las fronteras de ese pueblo que parece atrapar al resto de los jóvenes en una inercia abrumadora. Ha ido a buscar a su madre y ha tenido éxito en su búsqueda, aunque al parecer los resultados no hubieran sido los esperados, ha rechazado un destino fácil y prefirió regresar a reencontrarse con su padre y su hermano, a huir de los problemas familiares. Tiene el don de la palabra y además tiene atributos físicos que lo hacen atractivo para los demás. En todas estas cualidades radica su aretê.

Rusty James, por su parte, al igual que Telémaco, tendrá que emprender la búsqueda de su aretê, pero esto solo lo comprende hasta el final, cuando finalmente se enfrenta a la pérdida de su héroe, pues sólo hasta ese momento es capaz de ver el mundo con sus propios ojos, lo cual es simbolizado de manera muy elocuente cuando mira su reflejo a colores en la ventanilla de la patrulla (antes de este momento todo el filme es en blanco y negro, a excepción de los peces que El chico de la moto le muestra tratando de explicarle la condición en la que viven ellos como jóvenes en un mundo que los criminaliza y los reprime). Es en ese momento cuando Rusty James por fin decide emprender su propio viaje, el viaje del héroe.

Atrás se quedan los otros, los que nunca podrán alcanzar ese estado heroico, los que, como Paris, sólo pretenden, pero tienen más defectos que virtudes porque son cobardes, mentirosos, traidores y porque nunca se enfrentan solos al mundo sino que se esconden detrás de su grupo o de sus mentiras, eso que, como Smokey, se conforman con pequeñas victorias que los son sólo en apariencia; esos que, como el oficial Patterson, abusan de su pequeña autoridad y pelean a traición; esos que, como el padre de Rusty James y El chico de la moto, se esconden tras un vicio para tratar de ocultar ante sí mismos su debilidad; esos que, como el resto de la pandilla, no saben ser líderes ni siquiera de sí mismos y se conforman con seguir a los demás.

La historia de El chico de la moto y Rusty James nos permiten cuestionarnos acerca de nuestro propio papel en esta historia a la que llamamos vida y reflexionar acerca del rol que queremos jugar y lo que tenemos que hacer para lograrlo. Nos permite volver a los clásicos y apreciar cuán vigentes resultan a pesar del paso de los siglos.

[1] Rumble Fish (52:24-53:30).

[2] Hom., Il., I, 101-114.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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