Mi querida Boca Dorada, no creo en los principios. Oh sí, cambian con la marea, como camaleones[1].

Como un Ulises del siglo pasado, cruza los mares a bordo de su barco, desentrañando misterios con su profunda mirada color miel. Corto Maltés, el héroe indescifrable de cabello oscuro, enigmática personalidad y múltiples recursos, a muy temprana edad -17 años- comenzó a navegar, recorriendo desde el sur del Nuevo Mundo hasta el lejano Oriente y encontrándose en su camino con personajes entrañables que traspasan las fronteras de la ficción: Rasputín, Stalin, Jack London, Eugene O’Neill, James Joyce, John Reed…

Un héroe antiheróico

De su origen, sabemos que nació el 10 de julio de 1887 y que sus padres fueron un marino británico y una gitana, conocida como “la niña de Gibraltar”; sin embargo, a pesar de sus antecedentes maternos, Corto Maltés cree firmemente que el destino lo construye cada persona, por eso él mismo hizo su propia línea de la fortuna con el cuchillo de su padre, y esta actitud la guarda también ante lo sobrenatural y ante lo desconocido, que son una constante en su vida: la palabra miedo no parece formar parte de su vocabulario, tampoco el no, ni los límites autoimpuestos.

Algunos lo llaman antihéroe, pero Corto Maltés es un héroe a la manera de los antiguos, y para éstos la moral que rige no es la misma que para el resto de los mortales, porque después de todo tienen algo de divino, por ello Corto puede pasar de ser un pirata a un capitán respetable y contar entre su círculo cercano a personajes como el profesor Steiner, un viejo sabio alcohólico, y Rasputín, con quien guarda una extraña relación de amistad-enemistad.

Corto Maltés en un mar de papel

La novela gráfica fue creada por Hugo Pratt en 1967 y se publicó por primera vez en Italia con el título de Una Ballata del Mare Salato al que siguieron 29 más, de los cuales el último título fue Mu, en 1988. Como su protagonista, las historias han llegado a lugares remotos de culturas muy diversas y han sido traducidas a varios idiomas como el francés, español, portugués, inglés, alemán, polaco, turco y hasta coreano.

Hugo Pratt tiene esto en común con su creación, pues es miembro de una familia que le brindó una educación multicultural con un abuelo inglés por la línea paterna y, por la materna, una abuela turca. Su madre, como la madre de Corto, era una estudiosa de las ciencias ocultas, experta en cábala y cartomancia, y, gracias a que su padre lo obligó a enlistarse en la policía de Abisinia, entró en contacto con los ejércitos inglés, senegalés y francés, además de que convivió con los nativos de la colonia, con lo que su espíritu cosmopolita se vio ampliamente enriquecido.

En 1945 inició su carrera en el mundo de los cómics al editar con amigos la revista Asso di Piche, trabajo que lo dio a conocer en Argentina, donde se mudó al ser contratado por una publicación; ahí vivió por más de 20 años hasta que, por una crisis económica en ese país, decidió volver a Italia. De vuelta en su país, conoció en 1967 a Florenzo Ivaldi con quien se unió para publicar una revista mensual, Sgt. Kirk, en la cual apareció por primera vez el personaje de Corto, con nueve viñetas de lo que sería “La balada del mar salado”.

En Corto Maltés se sintetizan las experiencias y conocimientos que a lo largo de su vida pudo recolectar Pratt, lo que hace de esta obra un legado en el más amplio sentido de la palabra, como herencia y colección de formas de ver la vida. Corto convive con diferentes mundos, y no juzga a ninguno, no se siente superior ni inferior, simplemente los acepta como parte del universo que él mismo habita. Seguramente a ello se debe su gran aceptación en todo el mundo y no por nada Pratt está entre los grandes autores de novelas gráficas.

[1] Pratt, H., Cecere, G. (Writers), Danto, R., & Saury, L. (Directors). (2002). Sous le signe du Capricorne [Motion Picture]. Francia.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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