Me enamoré en los bosques de Conté,

me enamoré sin esperanza y sin remedio,

consciente por primera vez de ser sólo un instante,

sólo un efímero momento,

de ser tan intangible como el viento

que te sigue los pasos despeinando tu pelo.

 

Me enamoré y ahora no puedo escapar

de ese nombre que no quiero pronunciar

y se repite como un obseso mantra en mi cerebro,

como el narrador necio que insiste en contar

historias protagonizadas por los dos

que no somos y que nunca seremos.

 

Me disfracé de criatura de la noche,

de mito desmedido, de caricia y de beso,

me disfracé de fantasía y de sueño,

de una estrella fugaz, me vestí de deseo

y así me viste reflejada en el río

que recorre esos bosques

inconstante y eterno.

 

A él le ofrecí mi alma y mi silencio

para bañarme cada luna entre sus aguas

y amanecer con cada sol en cuerpo nuevo

que despierte con descontrol tus ganas

y reavive con más ardor tu fuego;

y así vivo, ya sin alma y sin voz,

participando incansable de este juego.

 

A veces, en los bosques de Conté,

en mi mente reescribo nuestros mil y un cuentos

a veces también ganamos guerras,

asesinamos monstruos y conquistamos pueblos;

a veces brindamos con las Musas

y con todos los dioses además de con Eros,

y a veces, cuando te veo desnudo,

me enamoro de ti disfrazado de sueño.

 

Pero también a veces, casi siempre despierto

y recuerdo mi pacto y a sus aguas regreso

para buscar en ellas lo que quise dejarle

y enterrar en el fondo cualquier vestigio de ello,

y ahogar al niño necio que altera con su vuelo

mi insensatez rabiosa, mi irreverencia hereje,

la cruel sociopatía que me aqueja y que acepto.

Me enamoré en los bosques de Conté,

y por primera vez no tengo miedo,

porque todo lo peor que me podría ocurrir

es algo que de hecho está ocurriendo,

pero por otro lado, al mismo tiempo,

esa la única forma de que esto sea perfecto:

la imposibilidad, lo transgresor, lo etéreo.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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