El monstruo mutante
me clava una aguja,
un gran dolor punza
y hay gotas de sangre;
mi piel se sonroja,
su aguijón me pica,
clavado en mi carne,
me quema, me arde
y el brazo me irrita.

Los ojos en llanto,
buscando al culpable
y él, abominable,
ríe, descarado.
Lo miro impaciente:
se aleja volando,
feliz va zumbando,
en zigzag alegre.

Lo miro y decido
que habré de vengarme,
y elijo por arma
la nota del día,
le pego, le tiro,
mas logra esquivarme
y evitar la muerte
que quiere alcanzarle.

¡Destino funesto!
¡No logra atinarle!
Y el monstruo se burla,
Mientras yo reviento.
¡Maldita criatura,
se te acabó el tiempo,
pues  de esta aventura
vas a salir muerto!

Y corro al expendio
mas cierro la puerta
para que no escapes
de mi plan siniestro.
Regreso y preparo,
que quede perfecto;
ya todo está listo,
no hay ruta hacia fuera.

Nada entra ni sale,
estás atrapado
y, con este veneno,
tu tiempo contado.
Aprieto el gatillo,
tú estás asustado,
disfruto tu miedo
y más te disparo.

Gas, gas, gas, ¡maldito!
¡Estás acabado!
Cof, cof, ¿qué me dices?
te caes fulminado.
Pero al mismo tiempo
Cof cof de rodillas:
Era un plan tan bueno
que ni en mí ha fallado.
Y caigo a tu lado,
tus ojos me miran,
parecen decirme:
“¡No era para tanto!”

Después de 6 días
hallaron mi cuerpo,
y la policía
concluyó al momento
que era yo un suicida
pues no había más huellas
y el departamento
sellé por completo.
Tanto insecticida
provocó mi muerte
quizá me veía
cual bicho rastrero.

Tu cuerpo ignorado
se quedó en el suelo,
Allí, retorcido,
pequeñito y seco.
Ni tumba tuviste
y yo ni velorio
acabé en la plancha
de un laboratorio
donde me pelaron
para luego armarme
en un esqueleto
sin grasa ni carne.
Desde aquí los miro
a tus familiares,
y ahora sí me río:
¡No pueden picarme!

Este texto fue publicado originalmente por la UNAM en el libro No empiecen sin mí de la colección Naveluz.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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