Me desperté un día y ya no era más tu amor, en el espejo, me devolvió la mirada un par de ojos rojos, rodeados de dermis verde y pelos de zacate. Me había convertido en el monstruo que, bajo la cama, te acechaba desde niña. Me puse triste, pero no podía evitarlo. Ahora te acompañaría, pero de manera diferente, te dije, cuando pudimos hacer algo no lo hicimos, a pesar de mis súplicas me obligaste a quedarme; nunca entendiste que, si yo quería marcharme, era para evitar que nos ocurriera esto, porque no fui yo el único en transformarse: de dulce miel pasaste a ser brebaje tóxico, el mismo que bebía Jeckyll cuando se encerraba en su laboratorio cada tarde e, igual que él, me hice adicto a tu veneno.

¿Quién lo hubiera dicho hace tan poco? Que sólo la muerte podrá separarnos, ambos lo sabemos, por eso nos aseguramos de que las heridas duelan pero sin ser fatales, y las cauterizamos para que la sangre no se acabe, aunque estemos anémicos de gozo, de sonrisas, de ternura. Lo que sientes por mí es correspondido, sabes que tú me tienes, que yo te tengo y que nada podrá interponerse entre nosotros, ni los psiquiatras ni las terapias ni el divorcio express, porque ambos nos pertenecemos.

Te ves tan ojerosa, vida mía, tan demacrada y fea, que pareces un cadáver: la vida se te escapó a través de los lagrimales, la risa se perdió entre el sarro de tus dientes y cada vez que veo las pirámides a lo largo del Nilo, te pienso envuelta para regalo en un sarcófago, ahí donde nadie te alcance ni tú me alcances a mí, donde la maldición que te volviste pueda ser contenida hasta que a mí la muerte me libere y llegue otro valiente Indiana a explorar por accidente tus laberintos, emocionado por creer ilusamente haber encontrado un tesoro –como yo me emocioné hace tanto tiempo–, hasta que se marchite su primer ramo de rosas, aplastado entre las letras de tu diario.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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