Cuando jovencita, ella era muy vanidosa, era de las que se sienten paridas por los dioses. Nunca fue una belleza, es más no era bonita, pero la juventud le daba ese aire de libertad que tienen los jóvenes. Yo creo que en esa etapa fue adquiriendo ese gesto de despotismo que la caracterizó por mucho tiempo.

Nunca le conocimos un novio, pero sí vimos cómo correteaba a los novios de las vecinas y hasta a los de sus primas. No sé si en su trabajo haya tenido algún querer.

Como decía el filósofo Juan Gabriel, el tiempo pasa y no perdona, así que la vecina fue haciéndose amargada y quedándose cada día más sola. Su gesto se acentuó y le daba un aire de desagrado al que todos le huíamos. Ya para entonces era una señorita cincuentona.

Por la calle era muy notorio cuando un vagabundo se asentaba por ahí. Ya habíamos tenido uno o dos casos y hasta se te hacía familiar verlos durmiendo en algún rinconcito y al otro día deambular por ahí.

Y cuando este señor vagabundo llegó llamó más la atención porque su aspecto era demasiado descuidado, pero tenía como muy marcado un gesto digno en el rostro.

Un día nos llamó la atención que la vecina del gesto desagradable, lo metió a su casa y le dio de comer.

Obvio, todos empezamos con el viboreo y las burlas, todos sabemos que eso del chisme se nos da muy bien.

Después de unas semanas, de pronto el hombre desapareció y no volvimos a saber de él; sin embargo, la vecina se veía tranquila y hasta contenta. Empezó a saludar y hasta se veía agradable.

Al cabo de tres meses, el hombre regresó. Era otro, venía limpio, bañado y hasta se veía guapetón. El gesto digno y bondadoso que tenía lo hacía una persona llamativa y especial.

Con el tiempo nos enteramos que la vecina, con una enorme paciencia se encargó de despiojarlo, arreglarlo un poco y pagarle un internado de tres meses para quitarle la adicción al alcohol y que tomara una terapia psicológica.

Resultó que el señor tiene estudios universitarios y por algo que no sabemos se hizo vagabundo. La cuestión es que mi vecina ahora es la más feliz del mundo. Tienen juntos una tiendita de abarrotes; con la pensión de ella y los ingresos que obtienen de su negocito, viven bastante bien y los ves paseando en las tardes por las calles en donde antes él andaba perdido.

Naturalmente algunos vecinos siguen hablando y criticando, pero yo la veo tan feliz que en verdad me da gusto por ella. También me he enterado que alguna que otra vecinita ya anda dando rondines para ver si encuentra algo rescatable por esas calles de Dios.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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