Voy como muchas otras veces en el trolebús, medio de transporte que no pago por haber llegado a ser una persona de “respetable edad”. Me divierto mucho viendo las cosas que hace la gente joven para no ceder el asiento a los mayores o a las embarazadas.

Vienen cinco personas sentadas en el asiento largo de hasta atrás y de ellas, hay un viejito y cuatro personas jóvenes y en cuanto ven que me acerco a la parte trasera, dos empiezan a dormir plácidamente y los otros dos se evaden totalmente con el celular.

Me quedo parada y otro muchacho en cuanto se percata se agacha y sigue viendo su celular, un poco incómodo de que no me quite de ahí y voltea a ver a los demás, esperando que alguien se levante ante esta anciana; como nadie lo hace, él tampoco.

Debo aclarar que yo no necesito aún de que me cedan el espacio para sentarme; cuando hay alguno libre, claro que me siento y también agradezco mucho cuando alguien me cede su lugar, pero me considero todavía fuerte y con la suficiente educación para dejar sentar a alguien más necesitado, hombre o mujer, joven o viejo.

Un muchachito adolescente está sentado y trae un instrumento musical, un bajo o guitarra, pero grande y le ocupa mucho espacio, me hago a un lado mientras el sigue viendo su celular y casi casi termino yo cargando su guitarra o lo que sea, y cuando me quito pega un brinco que hace que una muchacha se dé cuenta de que voy levantada y apenadísima me ofrece el lugar y una disculpa. Rechazo el lugar porque estoy a pocas calles de llegar a mi bajada, pero le agradezco mucho y nos reímos las dos de su comentario “disculpe usted, no la había visto. Es que en verdad estoy idiota con el celular y no me doy cuenta de nada”

Me bajo pensando en que mi papá y mis hermanos siempre fueron muy corteses y educados. Yo no sé si alguna vez habrán leído el “manual de Carreño”. Lo que sí sé es que nos acostumbraron a ser bien tratadas y a tratar bien a los demás. Me quedo pensando que ahora mucha gente más bien se basa en el “manual de carroña”, y pretendemos dormir o evadirnos en nuestro teléfono para no ver a las señorea y señores que apenas pueden estar de pie y tienen la valentía o necesidad de salir a la calle y aventurarse a tomar un trolebús.

En los demás transportes públicos no creo que exista mucha diferencia, sólo que no los ocupo tanto como el trolebús que me lleva al hermoso centro de mi hermoso Distrito Federal.

Como no pienso renunciar a hacer esos viajes frecuentes, siempre me voy preparada y seguiré divirtiéndome de mis compañeros de viaje y obvio cuidándome de las ratas de dos patas que son otra parte incómoda de nuestro paisaje urbano.

Como diría aquel cantante “a dónde vamos a parar”.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

2 comments
  1. Carmen León Ramirez says:

    Es verdad y muy pocos caballeros. Pero todavía hay chance de educar a nuestros peques.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>