Camila se mira al espejo por largo rato, lo que ve no le gusta mucho, pero lo acepta de buen grado. Las arruguitas se han multiplicado en su rostro. Los ojos de por si pequeños, ahora son dos rendijitas, pero a pesar del tiempo siguen conservando su brillo y siguen denotando curiosidad por todo lo que observa.

El pelo ya tiene bastantes vetas blancas, pero no las suficientes o las que a ella le gustaría tener, le encantaría que su cabello fuera totalmente blanco o plateado. Aunque sabe que los varones son los suertudos que tienen el pelo plateado.

A pesar de su aspecto, siente que aún puede hacer muchas cosas y cree, sin haberlo comprobado, que puede todavía jugar basquetbol.

Recuerda que hace muchos años, cuando era una jovencita, tenía mucha energía, iba y venía y no le importaba para nada el cansancio.

Se recrea en estos pensamientos y esto la lleva a recordar una cierta ocasión en que la invitaron a una boda de uno de los directivos de donde trabajaba. Iba a ser en un lugar muy elegante, en la noche de un viernes. Todos estaban muy entusiasmados con la fiesta. Por la tarde les dieron permiso de salir temprano para que fueran a cambiarse.

Ella se fue a su casa y se puso un minivestido verde, que ahora recuerda que no le parecía bonito, pero más vistoso que el resto de su ropa, se calzó con unas botas de moda y como complemento un saco a juego con el vestido. En el pelo, que entonces llevaba largo y era bonito, sólo se lo adornó con un lazo también verde. Nunca se le ocurrió maquillarse más de lo normal.

Cuando regresó a la oficina, muy lista para irse a la rimbombante boda, su jefe sólo atinó a decir

—¿Qué no iba usted a cambiarse de ropa?

A lo que ella muy sonriente contestó que ya se había cambiado.

En el salón de fiestas todos llegaron muy elegantes, las mujeres de vestido largo y los señores todos de traje negro.

Pero a ella no le preocupaban esos convencionalismos, además todo mundo la trataba de lo mejor, conocía a mucha gente y departía con ellos alegre y respetuosamente. Fue la primera vez que probó el champagne.

Nunca le importó lo que los demás pensaran, se encontraba muy bien con ella misma, sin ser vanidosa.

Y ahora, después de tanto tiempo ha entendido que la gente la estimaba y la trataba muy bien por su sencillez y originalidad, un poco también porque siempre enseñaba las piernas con los minivestidos que usaba y sobre todo porque a todos nos gusta la gente joven.

No se amarga la vida doña Camila, sólo acepta el paso del tiempo, pero sí le encanta recrearse en los recuerdos de su juventud.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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