Aprovechando uno de los fines de semana largos que nos ofrece el mes de mayo, me fui a la casa de una muy querida amiga en Querétaro.

La zona en donde vive es muy agradable, es una parte vieja de la ciudad, sin llegar a ser el Centro Histórico, pero muy cerca de éste.

Respetando el entorno natural, han construido casas con todos los lujos de la modernidad. No hay edificios, aunque los puedes ver en las colinas cercanas.

Además está a una calle de la avenida principal; al entrar sientes que estás en un remanso de paz. Corre aún el río Universidad y por su ribera y en algunas veredas se mecen pirules, jacarandas y encinos, entre otros. La gente pasea muy tranquilamente y se sientan a platicar o a tomar el fresco. El canto de los pájaros casi no cesa durante el día.

Al entrar a la casa me fijo muy bien que la construcción es alta y veo que está construida en dos plantas. Arriba una amplia recámara con su baño completo y abajo, la sala, el comedor, la cocina y un medio baño. Me parece también un lugar muy tranquilo y lleno de luz.

Duermo de lo lindo, sin pensar en tonterías ni miedos. Al otro día ella se levanta y va a hacer sus cosas cotidianas, y me dice que mientras me suba a bañar para luego salir otra vez a pasear.

Me quedo sola y me meto a gozar de un rico baño, pensando en bobadas como que ha de ser padre tener un vestidor en el baño, pero que es más padre tener un desvestidor. Me entretengo con esos pensamientos tontos, cuando de pronto escucho unos pasos lentos en la escalera. Me tenso y escucho con miedo como van subiendo, creo que son dos personas y mi mente se acelera.

No son fantasmas porque ellos no tienen permiso de salir en el día. ¿Acaso será alguien del crimen organizado que se metió creyendo que la casa estaba sola? Dicen que aquí en Querétaro viven algunos capos, ¡ay qué miedo!

Me pongo la toalla en friega y ya ni disfruto del vestidor. Me pongo la ropa y salgo corriendo a asomarme. ¡Nada, nadie, todo igual que cuando entré al baño! Inútil buscar, creo que no puede esconderse en un lugar tan abierto y claro como ese.

Cuando regresa mi amiga, muy sonriente me dice:

“Ay, ya regresó mi vecino de arriba, es un gringo viejito que hace mucho escándalo y además como usa bastón, haz de cuenta que anda caminando dentro de mi casita. La primera vez que lo oí, hasta me dio miedo, pero ya me acostumbré, lo bueno es que viaja mucho y no da tanta lata”

¡Uff! Yo prefiero no decirle que casi me desmayaba del susto y mejor le digo, “pues yo ni cuenta me di, estaba muy a gusto con lo fresco del agua”

Ya relajada, me preparo para disfrutar de mi estancia y de la grata hospitalidad de mi amiga, en esta ciudad que tiene un encanto tan especial.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

1 comment
  1. Valeria says:

    Esos momentos suelen dar mucha pena, mejor que quede en secreto entre todos los lectores.

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