Cuando me percaté de la dirección a la que tenía que ir por causa de mi trabajo, mi corazón hasta echó un brinquito de gusto. Hacía años que no iba por el rumbo donde viví mi niñez y parte de mi juventud.

Además me mandaban con uno de mis cuates, sólo que ahora su tarjeta de presentación indicaba que era el director general.

Tenía la cita para el jueves por la tarde y estaba emocionado de volver por allá. Me preparé y me fui temprano para pasar a comer unas ricas quesadillas al mercado, ver aunque sea de lejos la primaria donde estudié y pasar un ratito a la iglesia a donde siempre íbamos a misa los domingos y los viernes primero de mes por parte de la escuela.

Primero llegué a comer y el puesto había cambiado de dueños, pero las quesadillas estaban igual de riquísimas que siempre; comí unas de flor de calabaza, otra de hongos y una de huitlacoche que son mis preferidas, acompañadas de un buen vaso de agua de limón con chía. ¡Todo delicioso!

Cuando vi la primaria, pintada de los mismos colores, guinda y blanco, me sentí impresionado y contento, pero también decepcionado. Yo la recordaba bastante más grande. La iglesia hasta me pareció bajita, siendo que de niño la veía altísima, preferí no entrar, además ya se me hacía tarde para la cita.

Me fui recordando cuánto disfruté esas épocas, de mis maestros, los nombres de algunos compañeros y las cosas que jugábamos, tan inocentes y tan padres. Uno de los compañeros de escuela era Fernando a quien ahora tenía que visitar en su negocio.

Cuando llegué a la dirección, esperaba ver la casa con la barda chaparrita llena de flores azules. Me había enterado que ya no rentaban los locales que tenían, sino que entre todos los hermanos habían emprendido un negocio de maderería y ahora también tenían una mueblería, con la que intentábamos asociarnos y ser sus proveedores principales.

También sentí decepción cuando vi que la barda ahora era una enorme barrera de piedra, muy alta y sin ningún árbol que le diera un poco de vista. Incluso creí ver a algún vigilante muy discreto.

La mueblería era enorme, los cristales relucientes mostraban toda clase de aparatos electrónicos y más adentro, muebles de diferentes tipos de madera, acomodados por secciones. Los vendedores con uniformes azul y beige, y varios policías cuidando la seguridad.

Mi sorpresa mayor fue cuando vi a Fernando, perdón, al señor Fernando. Alto, bien parecido, con el pelo ya plateado que hacía que sus ojos brillaran de una manera muy llamativa. Vestía un traje muy elegante y fumaba un puro, o por lo menos lo traía en la boca.

Cuando lo saludé de forma amistosa, inmediatamente hizo un gesto de que no me conocía y pues directamente nos pusimos a hacer negocios. Por fortuna con buenos resultados para mí, pues el primer pedido me dejará una muy  buena comisión.

Iba de frustración en frustración, de decepción en decepción. Yo quería recordarle nuestras travesuras, de cómo le dábamos lata a mi mamá, porque la de él los había dejado y pues mi mamá era la que los consentía. De cuando entramos juntos a hacer el servicio militar y tantas otras cosas, pero la distancia que marcó con sus gestos, fue tajante.

Para quitarme un poco el mal sabor, me fui a dar una vuelta por la colonia, entré a la iglesia a admirar sus espectaculares vitrales y volvía a recordar el olor de las velas y sentirme niño otra vez; esperé que salieran los chavos de la escuela, que sigue siendo sólo para varones. Los vi jugar y gritar y hacer tanto escándalo como hacíamos nosotros. Sus juegos son distintos, pero la alegría de vivir es la misma que teníamos antes. Eso me regresó mi buen humor y entusiasmo.

Seguramente voy a tener que venir seguido a hacer más negocios con don Fernando y más me vale verlo sólo como a un cliente. Además ya me dieron ganas de buscar a Joaquín, a Pepe, a Alejandro y a todos los que me acuerde. Ojalá les haya ido bien en la vida, pero que no les haya ganado la soberbia.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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