Cuando empecé a tratarlo yo tenía como 35 años y él estaba cerca de los setenta. Su cara adusta no permitía que los compañeros nos acercáramos fácilmente a platicar o hacer amistad. Fue la casualidad o como dicen, la causalidad, lo que nos acercó.

El dio el primer paso, fue a mi escritorio para preguntarme qué libro estaba leyendo en ese momento. Se había percatado de que en mis ratos libres (a veces bastantes en esa oficina de gobierno), también prefería leer que socializar con los demás.

Compartíamos el gusto por la lectura y aprender cosas nuevas, en nuestras primeras charlas me dio toda una cátedra sobre el burro, un animal muy subestimado y que él había estudiado y era su animal favorita porque, explicaba, era inteligente, fuerte y trabajador; incluso tenía un sello con la imagen de un burro y con él marcaba todos sus libros.

Su nombre era Amós, y poco tiempo después de tratarlo, me di cuenta de que aparte de culto y buen conversador, era muy simpático. Julieta, una de mis amigas, era su sobrina y trabajaba en la misma oficina.

Estaba cerca su jubilación y casi ya nadie le pasaba trabajo, por lo que se dedicaba a leer, platicar con sus elegidos y salir a comprar sus coca colas. Decía que al día se tomaba alrededor de dos litros de su bebida preferida, eso sí, tenía que estar helada.

Me enteré que su esposa estaba enferma de cáncer, que él se dedicaba a cuidarla durante las tardes y que lo hacía con mucho amor.

Una ocasión, con el ácido humor que lo caracterizaba, le pregunta a Julieta

–Oye Julieta, ¿quién crees que se muera primero? Mira, Titina tiene cáncer, tu mamá está muy delicada por la diabetes y Roberto está peor que las dos.

July, sólo sonrió.

Llegó su jubilación y yo extrañaba nuestras conversaciones y el intercambio de libros. Poco después de su retiro, me enteré que lo habían hospitalizado de urgencia, la coca cola le tenía destrozado el estómago. Duró poco tiempo en el hospital; platicó seriamente con el médico quien le informó de su gravedad y ya no le prohibió nada. Murió apacible y tranquilamente un medio día, después de cumplir su último deseo, saborear una coca cola helada.

Los tres enfermos que él había puesto en competencia le sobrevivieron por lo menos dos años.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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