Ya andaba en las últimas el buen Rodolfo. Tenía el hígado deshecho de tanto chupar y la nariz cacariza y roja como teporocho. Pasó años como chofer de El Nico, líder de la banda de la colonia. Cada diciembre hacían su agosto al entrar en las casas de quienes vacacionaban. La noche buena, Nico lo regresó antes de empezar. Llegó hasta su madre a trabajar y en esas fechas el alcoholímetro anda muy cabrón, no podían darse el lujo de caer al bote por una pendejada así.

Rodolfo regresó apachurrado a casa. En el trayecto se dio tiempo de asaltar una tienda. Amagó al tendero con su pistola, nomás se llevó una botella de brandy y unos cigarros.

Tambaleándose abrió la puerta de su casa. Al entrar, descubrió a su mujer en pleno revolcón con El Dasher, otro de la banda. A Rodolfo le pusieron los cuernos y encabronado tomó su pistola. Disparó hasta quedarse sin tiros. Cinco balas traía y con la peda, sólo una acertó. Dasher se apretaba la panza con las manos ensangrentadas. Belén lloraba encuerada a su lado. Rodolfo reía con el pomo en la mano.

Los vecinos, que estaban acostumbrados a las borracheras pero no a los plomazos, llamaron a la policía.

Sin chupar y con dolores insoportables recibió el año nuevo guardado en el penal. No pasó del primero de enero el buen Rodolfo. Entre alucinaciones escuchó las doce campanadas. En cada guacara se le iba un poco de vida. Antes de morir, su único deseo era que llegaran los Reyes, que llegaran en chinga; o los Torres, o los Fundadores, o cualquier otro brandy que lo volviera a emborrachar. Las crudas son peores que la muerte, pensó antes de desfilar…

about Daniel Bernal

Mitómano de profesión y vocación. Escribe porque no sabe hacer otra cosa –a veces duda también que sepa escribir–. Siempre ha tenido problemas con la autoridad; por eso renunció a su primer empleo a los once años, como cerillo de supermercado. Fracasó como músico y como emigrante. Ahora vive feliz entre libros, libretas y su mujer. De vez en cuando publica sus historias donde puede. Pero claro, todo lo anterior podría ser una más de sus mentiras.

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