Dicen que una de mis características es que soy muy curioso, acepto que es cierto; pero cuando lo conocí a él, tan extraño, tan diferente y tan consentido, esa curiosidad se manifestó en toda su magnitud.

La verdad que verlo sentado en el sillón, apropiándose de todo lo que yo considero mío, fue un verdadero golpe a mi ego. Que toda mi gente se encantara con él desde la primera vez que lo conocieron me sacó de mi centro y me hizo sentir fatal.

Los primeros días prefería encerrarme en mi recámara y no salir más que cuando él no estaba o estaba durmiendo. Yo estaba enojado con el mundo entero.

Y no es que a mí no me hicieran caso, pero mi mente se nublaba y no quería saber nada de nadie.

Además todos veían cómo se ponía agresivo conmigo y siempre me decían a mí “tranquilo, tranquilo”. Nadie era para poner un hasta aquí.

Poco a poco empecé a verlo más seguido en mi casa y decidí de alguna manera tratar de acercarme para conocerlo y pues aunque aún tenía muchas dudas al respecto, tratar de hacer migas con él.

Pero todo era en vano, el muy sinvergüenza me miraba y me ignoraba, o peor, cuando estábamos solos seguían sus agresiones hacía mi. Volvía yo enseguida a mi recámara a rumiar mi frustración y a volver a intentar el acercamiento. Realmente, había decidido responder a sus agresiones y empecé también a acercarme y provocarlo, luego que lo veía cerca corría a esconderme otra vez. Ya no era un juego, era una lucha de poder.

No presumo, pero sé que tengo lo mío, además de mi derecho de antigüedad en esta casa. Pasaron algunos meses y las cosas no cambiaron, ahora mejor lo ignoro. Pero, sin que nadie lo note, todavía a veces me acerco sigiloso y le tiro algún arañazo, al fin que él lo único que hace es ladrar y tratar de alcanzarme, pero no tiene la misma agilidad que yo.

Mi estrategia ahora será ser más cariñoso con mis humanos y defender mis propiedades. Y como yo no necesito que me anden sacando a pasear y tengo muy limpia mi arena, sé que no les da tanta flojera cuidarme. Además les gusta mucho acariciarme y sentir mi calor.

Poco a poco me he dado cuenta que soy irremplazable y que ningún perrito por muy adorable que sea, me va a quitar mi lugar. Y a lo mejor él algún día pueda darse el gusto de conocerme y darse cuenta que soy un gato único y que soy un verdadero amor. ¡Cuestión de tiempo!

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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