Sentía que me iba a desmayar, se me fue la fuerza y el mareo que sentí casi hizo que cayera, lo bueno es que estaba en un confortable sillón de la casa de mi abuelo.

-Yo conocí ese lugar- le dije, con voz que trataba de ser convincente para conmigo mismo.

-No creo hijo, tú ni habías nacido cuando se tomaron esas fotos. Fue hace mucho tiempo.

Se le entristece la cara a mi abuelo y me cuenta que fue su hija la más chica quien tomó esas fotos en un viaje que hizo a la Zona del Silencio. De ahí se habían ido a ese puente que se llama Ojuela y fue dónde ella desapareció. Sólo encontraron su cámara; las fotos que tenía no revelaron nada del misterio de su desaparición, pero les dejaron unos paisajes increíbles.

De todas formas varias personas de la familia habían ido algunas veces más para investigar por su cuenta y ver si encontraban algo. Habían entrado a la mina que ahora sólo se usaba para el turismo, pero tenía tantos lugares que no se podían explorar, que era imposible hacer una búsqueda más profunda. Se manejaron varias hipótesis por parte de las autoridades, desde un secuestro hasta una huída con el novio, hipótesis que el tiempo se encargó de echar abajo. En su desesperación la familia hasta llegó a pensar que hubiera sido abducida por algún extraterrestre.

Escuché con interés la historia y sus hipótesis, pero convencido de que sé lo que pasó.

Le pedí a mi abuelo copias de las fotografías y cada que las observo, me convenzo más de que fui yo quien tomó esas fotos. Sé que nadie lo creerá, pero conozco a detalle el lugar.

Recuerdo perfectamente que estaba buscando el mejor ángulo para que el puente se viera completo y me subí a una pequeña barda que no tenía ninguna señalización. Fue sólo un segundo de duda, algo me avisó y volví la cabeza para mirar hacia atrás; el terror hizo que la piel se me helara porque ya no pude detener ese pequeño paso que fue el paso hacia la muerte.

Supongo que nadie se dio cuenta de mi caída, a pesar de que éramos un nutrido grupo de paseantes, pero la mayoría se habían metido a la boca de la mina vieja.

No tengo idea de cuántos metros habré caído, fue muy rápido y al mismo tiempo duró una eternidad. Ahí quedo mi cuerpo torcido y lastimado. Mi muerte fue instantánea, más bien el cuerpo y la muerte de una tía que nunca conocí.

¿Cómo llegué a ser este adolescente que ahora soy? No tengo la menor idea, pero lo más seguro es que haya reencarnado, que mi abuelo antes haya sido mi padre.

Siento que me vuelvo loco, no puedo platicarlo con él, que es la persona más cercana a mí. No tengo confianza en nadie. En una de esas creen que estoy loco y tratan de ingresarme en un manicomio.

De por si los roces con mis padres han sido frecuentes porque se enteraron de las dos veces que he fumado un churrito de marihuana. Pero ni en esos momentos de alucine se me hubiera ocurrido que yo había vivido una vida antes de esta.

Probablemente algún día tenga la serenidad de viajar al lugar del accidente y pueda enseñarles en dónde está lo que queda de ese cuerpo.

En fin, seguiré con el silencio hacia los demás y sólo espero que esta tía que fui antes, que gozó mucho de su libertad y que fue muy feliz con su vida, me ayude a disfrutar de esta que me tocó a mí.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>