Estaba hilvanando una sábana para hacerla cortina cuando vi pasar una ratota en mi cuarto, no una de esas que roban, ¡no!, un roedor, de los que le ponen a una la piel chinita y dan harto asco. Con decirles que parecía conejo, la hija de la jujurria, grande y de cola larga.

La cosa es que agarré una chancla y ¡sopas!, que se la clavo en la mera maceta. Si me hubieran pagado, no lo hago. Un madrazo tan certero que le corté la existencia en ese momento.

En fin que tomé una bolsa de Liverpool, (donde compro mis cacahuates japoneses) y que la meto en ella para irla a tirar, pero también necesitaba pasar a depositar al banco un dinero que me mandó mi hijo el brasero, tons que me subo al microbús, que por cierto, no llevaba pasajeros, nomás mi rata y yo.

-Son $5.50- dijo el chofer, muy ofendido, porque le había dado una de cinco.

-Es que luego le doy $6 y no me regresa cambio- contesté, en tono beligerante, pa que es más que la verda.

-De usté ni me acuerdo y mejor págueme lo que falta.

¡Nombre! Viejo culero hasta me iba a amenazar el mamila, pero bueno, que me enojo y que le aviento una de a $10.

Pinche rata (pensé).

Maravillosa palabra que mi mente dictó: ¡rata!

Acto seguido, me senté en el asiento que está detrás del chofer y le dejé a mi grotesco animal muerto entre la base de su asiento y sus patotas. Por supuesto, luego luego, pedí bajar, no se fuera a dar cuenta.

Nomás quería contarles mi dulce venganza.

A ustedes sí los quiero, infelices, a los microbuseros, no. Jiar jiar jiar

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

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