Ni siquiera sé cómo me convenció este canijo para venir a buscar quimeras, ha de ser por tanta hambre que de repente ya no se puede aguantar. Quién de los dos estará más loco, él por todo lo que cuenta de esas vacas transparentes o yo por creerle; pero bueno ya estoy aquí y ahora toca sólo esperar.

Tenemos que estar callados y ver muy bien alrededor. Dicen que esos animales salen por las tardes, ya que el sol está por caer pero antes de que salgan las estrellas.

Cuentan que precisamente una lluvia de estrellas fue la que ocasionó todo esto. Pero desde hace años que se pasa la voz. Hay quien dice que han visto gente también saliendo del mismo lugar. Igual de pálidos y aguaditos.

La lluvia de estrellas fue tan fuerte y caían tantas y tantas que ese grupo de gente, guiado por un fanático y miedoso aprendiz de mesías, le creyó que el mundo se iba a acabar consumido por el fuego estelar y corrieron con él a esconderse en ese cerro hueco.

Los vecinos del lugar sólo dejaron de verlos durante mucho tiempo. Pero últimamente han circulado los rumores que aseguran que los de adentro del cerro ya se cansaron de estar encerrados durante cerca de 70 años. Aunque también dicen los más aventurados que adentro tienen todo lo que necesitan, pero la falta de luz los ha hecho aguados y feos, largos y pálidos.

¡No lo puedo creer! ¡Están saliendo! No sólo las vacas, viene gente con ellas. Es verdad que están feos, son amarillentos y hasta hablan raro, como si se hubieran quedado en el siglo pasado. ¡Qué miedo y horror!

–¿No te dije valedor?, si yo ya los había visto
–Pues sí, pero quién lo iba a creer en serio. Como dicen: hasta no ver, no creer.
–Te juro que yo una vez me robé una de sus vacas, pero cuando la matamos en lugar de sangre tenía agua. Su carne es muy desabrida. Es que no tienen luz ni calorcito.
–Pos yo prefiero estar prieto pero con mi sangrecita en su lugar.

De pronto, muchos pares de ojos inexpresivos nos descubrieron y fue cuando decidimos que era hora de salir corriendo, que tal que nos robaban y nos volvíamos aguados.

–Nadie nos los va a creer en el pueblo, aunque lo juremos por el cielo
–¿Ves lo que te digo? Yo por eso sólo los vengo a vigilar y de vez en cuando a robarles algo, pero mejor me quedo calladito, antes de que me tilden de loco.
–No valedor, pues ya somos dos los locos y los calladitos.
–Pero cuando quieras, pues venimos otra vez, chance hasta nos guste cómo viven y les pedimos quedarnos, así por lo menos estaremos aguados pero con la panza llena.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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