Voy conduciendo de la mano a esta mujer tan guapa, tan elegante y tan fina que me ha acompañado durante tantos años de mi vida. Todavía la miro con admiración y mucho amor. Me encanta que todavía se ponga sus lentes para el sol, su sombrero y sus zapatillas como cuando éramos jóvenes y salíamos a pasear por las tardes.

Verla la primera vez fue enamorarme de ella y creo que desde ese momento la planeación de la vida que quería vivir, empezó a materializarse.

Para entonces, yo ya era un hombre exitoso en mi carrera, formé parte del grupo de arquitectos que se encargaron de modernizar México. Aún ahora siento mucho orgullo por eso, sobre todo cuando veo alguna de mis obras en todo su esplendor. Nunca me dio pena aceptar mi éxito profesional.

Me casé con Eleonora un 27 de julio de hace muchísimos años, tuvimos una hija hermosa y formamos una familia que muchos admiraban. Pero nunca perdí el piso y siempre supe que el tiempo no perdona, por lo que decidí hacer lo mejor para protegernos en nuestra vejez.

Esta llegó en su justo momento, después de una vida muy disfrutada. Por eso ahora que veo a mi hermosa Eleonora dejándose llevar por mi y que siento su cuerpo totalmente dependiente, tengo una mezcla de sentimientos. Ella ya no me conoce, bueno, eso dicen los médicos; sin embargo, yo creo que sabe perfectamente quién soy porque me sonríe con su natural encanto, aunque veo que a casi todos les sonríe de la misma forma, hay algo en su confianza, en su mano, que me hace sentir único.

Ella no recuerda los planes que hicimos mucho tiempo atrás, sólo para los dos, pero yo tengo todo en orden y sigo adelante paso a paso. Aunque no me entienda, le platico que ha llegado el momento, el médico me ha diagnosticado también una enfermedad terminal, nadie más que ella y yo debemos saberlo.

Será para el próximo 27 de julio que la lleve a la terraza, junto al jardín y saque de la caja fuerte el líquido que hemos guardado desde hace unos años y que nos hará irnos juntos, sin dolor y con rapidez, con las manos unidas como siempre. Cumpliré nuestra promesa de amor.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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