Estaba comprando vasos rojos para un guateque cuando escuché a mi bisnieto hablando con un cuate por el celular:

-Pos yo hago media hora a la chamba.

El interlocutor contestaba algo que yo no alcancé a oír.

-No, ¿cómo crees? Parece que está muy lejos, pero no, yo desde la casa, cuando mucho 32 minutos 15 segundos.

Ah jijo, pinche Quebin, presumiendo a su cuaderno que hacía rete poquito a la oficina. ¡No mamarts, si vivimos en Izacalli y chambea en Xochimilco!

La cosa es que ahí donde yo laburo (cálmate, Che Pepa, “laburo” ¡mis ovarios!, camelleo, querrás decir). En fin, la onda es que donde trabajo siempre escucho también a la raza decir que hacen re poquito tiempo en sus traslados. Imagínense unos vienen de Toluca, otros de Tultitlan, de Coacalco y los menos de Naucalpan, puro establo de México, para que ora me salgan con que no hay tráfico. Si ni siquiera desayunan, ahí los ven comiéndose una torta de chilaquiles en su cubículo porque no les da tiempo de nada. Luego hasta traen pelusas en el cuello de que no alcanzan a bañarse o llegan rete hinchados de la cara porque les da chance de aventarse una pestañita en la micro.

Ni pex, mi raza, ansina se las gasta, todo les sale bien, yo soy la única que se queja hasta de haber nacido.

Ya me voy a jetear que mañana tengo que ir temprano a limpiar la oficina de mi patrón y hago más de dos horas de camino. Jiar jiar jiar

Bye-gón

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

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