Camila siempre quiso que su mamá la viera como ella se imaginaba que veía a sus hermanos mayores.

Con su hijo mayor la relación era de apoyo y cariño incondicional. Platicaban largas horas y los demás no sabían qué tanto se decían, pero siempre lo hacían con una confianza que rayaba en la complicidad.

Con la hija mayor su relación también era de confianza, aunada a las confidencias que se pueden hacer entre mujeres y sobre todo entre amas de casa, ya que la hija muy joven fue madre y esposa.

Con su tercer hijo, había respeto pero también se permitía jugar con él, sus pláticas eran más lúdicas, más abiertas y siempre se veían contentos y alegres. El era muy “barbero” decía ella, y siempre le regalaba el chocolatito o alguna chuchería.

La penúltima de sus hijas era su orgullo, ya que poseía una gran inteligencia y era el ejemplo a seguir en la escuela. Aunado a esto compartían su afición  por el tejido y las labores manuales y durante el tiempo que pasaban juntas tejiendo platicaban mucho, se conocían bien.

Pero Camila fue la última y no sentía tener ninguna de las cualidades de sus hermanos mayores. Era delgaducha, preguntona, siempre estaba despeinada y no sentía ninguna atracción hacia las manualidades. Hablaba tanto que sentía que su mamá se cansaba de ella.

Pero el tiempo pasa, los hermanos mayores se tuvieron que ir a trabajar y aunque Camila también, su trabajo le permitía siempre llegar a comer con su mamá. Entonces fue que se empezaron a conocer, o por lo menos así lo sentía ella. La mamá preparaba lo que a Camila más le gustaba; mientras la mamá ponía la mesa, ella corría a comprar dos refrescos y dos pastelitos para después de la comida. Platicaban de todo y disfrutaban su pequeño postre. Se acostaban unos minutos y Camila sentía que la mamá era sólo de ella. Esas tardes sólo le pertenecían a Camila.

Así fue durante el resto de la vida de la mamá, las pláticas no terminaban, el apoyo era mutuo y había también peleas y discusiones entre ellas, pero no duraban gran cosa. Los hermanos siempre estaban al pendiente, la mamá hizo una gran labor con ellos y merecía vivir tranquila y en paz.

Camila seguía viendo el gran amor de esa mujer por sus hijos pero ahora sabía que ella estaba incluida y que cada uno tenía su espacio y su muy particular forma de ser amado por su madre.

También se dio cuenta que los momentos que más disfrutaban era compartir una tarde todos juntos, recordando, platicando, escuchando y jugando como hermanos.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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