Ya los conozco, los siento, los presiento, conozco sus andares, sus ires y venires, están siempre presentes, aunque a veces son muy insistentes como ahora. Quisiera mejor estar lejos, no saber de ellos ni de mí misma, pero somos uno y no podemos evitar la simbiosis.
Conozco hasta sus pasos: está presente el adulto frustrado que creyó poder engañar a los demás y terminó por ser el engañado, el que tiene que aceptar lo que le dejan los demás. A veces sale en ese mismo adulto la responsabilidad grotesca que no permite otra cosa que trabajar y trabajar; de repente me envuelve totalmente y no me deja respirar. Luego se suaviza y permite que emerja el adulto realizado y feliz que goza con las flores, con el sol, con el olor de las cosas, con la forma de todo, con el agua, que gusta de brincar en los charcos y gusta de gustar cosas y más cosas, aún las prohibidas. A este lo disfruto mucho. Sonrío mucho con él, lo conozco de siempre, ¡me gusta!
También me visita el adolescente que tiene una alegría irresponsable y una responsabilidad alegre, probablemente sea mi preferido porque también disfruta de todo y a todo le encuentra la armonía. La irresponsabilidad es para él algo natural. Bueno, además se ha cuidado mucho de no dañarse y si acaso a los demás ofende su libertad, nunca ha sido con intención de hacerles daño.
Alguien que me atormenta un poco más cuando hace su aparición es el anciano con su memoria eterna y repetitiva que se solaza en sus vidas pasadas, en sus penas, en sus glorias y en sus fantasías de lo que nunca fue. Me atormenta porque es probablemente al que más miedo le tengo, siento que se acerca cada vez más a mí y sobre todo, que me domina, que se queda, que quiero desterrarlo y no puedo, que me marca y me dice hacia donde tendré que llegar también.
Hay algunos más externos, más lejos que no por eso dejan de convivir conmigo. Está, por ejemplo, la perfección, a quien detesto porque se cree mucho y trata de resaltar mis errores, también está la burla con su cara retorcida y envidiosa, en fin, son tantos los entes que me rondan, me envuelven, me atormentan y a veces ni siquiera me dejan dormir por estar oyéndolos.
Todos me hacen ser yo, me hacen ser quien soy, los tengo conmigo, no siempre a todos juntos, Dios me libre de ellos, pero ninguno se va definitivamente; a veces creo que alguno desapareció y que logré mandarlo a molestar al arcano, pero no, de vez en cuando hace su visita de cortesía y pues no me queda más remedio que abrirle la puerta.
El único que no me gusta para nada es el hipócrita; sin embargo, cuando empiezan a rondar, sé que algunos son capaces de tirarme en la depresión.
Bien sé que todos tenemos nuestros propios entes y que no acostumbramos a vivir con ellos, que nos hacen la vida. Según creo que lo mejor es trabajarlos y no permitir que sean ellos quien nos trabajen a nosotros.
Bueno, pues como confusión está a punto de entrar en este escrito, creo que mejor hasta aquí lo dejamos.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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