Las cortinas abiertas dan hacia la pequeña terraza de donde cuelga una pequeña campana que carga consigo tres libélulas de latón. La noche ya ha caído sobre nosotros, un poco tarde porque por acá las noches son perezosas y prefieren dejar que el atardecer insista en tomar por sorpresa ciertos espacios.

Escucho “Esbozos en Carbón” y trato de acomodar las ideas y las emociones del día, pero parece que cada vez me cuesta más trabajo concentrarme en un sitio que no siento mío. Además, soy distraída por cierta nostalgia y melancolía. El aire allá afuera mueve un árbol hermoso que está muy cerca del barandal y al que he podido tocar esta tarde. Me encantan los árboles, platicar con ellos es uno de mis pasatiempos preferidos, sobre todo ahora que me siento lejos. Además, el aire me hace pensar que hace frío, lo que, no sé porque, motiva a mi inspiración.

Comí cerca del lago, en un sitio lleno de antigüedades increíbles que sólo me hicieron pensar que, en definitiva, no debí haber nacido en este siglo o de plano, mis vidas pasadas pesan mucho más que esta… después de todo, soy una mujer enamorada irremediablemente del pasado y no veo nada más allá de un presente que me viene cómodo por el momento. Regresé a casa a eso de las 2:40 y caí rendida ante una siesta que duró no sé cuánto, pero que se me hizo interminable.

Siesta sí… interminable. La noche anterior dormí fatídicamente. Ya otras veces había dormido en el suelo, pero ésta fue una noche bastante mala, de la mano con un dolor de cabeza que no me abandonó hasta bien entrada la mañana y la metáfora de dormir en ese espacio reducido me hizo pensar en un fragmento de ”Lo que está en mi Corazón” de Marcela Serrano que dice así:

“¿Puede haber una sensación más excitante (y atemorizante a la vez, lo reconozco) para una mujer que el sentirse fuera del alcance de los demás, de los cercanos que la aman pero que simultánea y sutilmente la ahogan?” 

Qué razón… no hay espacio suficiente y al mismo tiempo desde el suelo en que dormí hasta las estrellas, puedo abarcar el que deseé para poder transformar mi realidad, tomarla entre mis manos como una suave masa que puedo moldear a mi gusto, hasta darle la forma que quiero.

Hoy me puse a pensar mucho en el mal de amores y el amor… en exceso, de hecho. Me veo a  mi misma en el espejo y esa imagen que miro es extraña, no había tenido tiempo de asimilar mi soledad en ese sentido, pero hoy me percaté de ello. Soy una mujer sola porque así lo he decidido, no porque hayan dejado de quererme o porque un hombre me haya abandonado. Más bien he sido yo la que abandona, la que se despide, he sido ésa mujer que se va, una vez más. Quizás a lo largo de mi historia esta clase de suceso ha ocurrido una tercia de veces, no más. Y la mayor parte de mi vida he estado con alguien, siempre, cuando alguien se va de inmediato alguien llega, nunca había estado realmente sola, mis relaciones han sido determinadas por el tiempo y el abandono.

Tres meses y abandonarme, seis meses y abandonarme, cinco años y abandonar… y así. La última ha sido más un abandono por mutuo acuerdo (al menos así lo he sentido) y aunque todavía tengo instantes de sentirme miserable, sé que es algo necesario para poder vivir plenamente como deseo y que la vida tiene ciclos en los cuales las personas, si así debe ser, vuelven a encontrarse.

Lo cierto es que me da miedo perder mi capacidad de amor… no de amar,  sino de amor. He experimentado amores que duelen, que sueñan alto y caen bajo, que desean con toda la carne y que se decepcionan, que te dejan volar por verdes colinas  y luego te entierran en el fango, que desatan tus más íntimas ilusiones y las matan de a ratos, he tenido cerca amores que sucumben a mil encantos y se rompen en pedazos, que son de leyenda y de rutina, que pueden terminar con un beso dentro de un auto o pueden estar en vigilia cuando tu corazón está padeciendo. Y después de tanto, de sentir tanto y al final aspirar un vacío colosal, no encuentro la manera de enfrentar el miedo de perder la capacidad de amor.

Me gustaría seguir creyendo que hay un amor que te vuelve loca y cambia tu mundo, me gustaría poder aceptar que me encantan las novelas románticas con finales felices y ridículos, que adoro que me besen bajo la lluvia, que no puedo aguantar las lágrimas cada vez que veo un atardecer o la foto de mi abuelo, que sonrío cuando pienso en las veces en que me han abrazado en la puerta de mi casa, que no controlo mis estados de ánimo cuando me ausento de este planeta… ¿Es tan malo? en serio… ¿Es tan malo ser así? ¿Hago algún daño al escribirle a alguien lo que siento en vez de decírselo a la cara? ¿Es terrible besar la foto de alguien antes de ir a la cama o abrazar una bufanda creyendo absurdamente encontrar su aroma en ella? ¿Es un crimen llenar la casa de velas y esencias e intentar cocinar para él un sábado cualquiera? parece que si… en estos instantes, pareciera que toda esta interminable lista resulta absurda e inútil… y mi miedo se acrecenta con el poco espacio y el aire que respiro.

Y así, he convertido este lugar en mi propio albergue, el día de hoy de a ratos he sido una mujer triste, no precisamente por soledad si no por ignorante, una mujer que está temerosa y ansiosa a la vez , que sigue sin convencerse de lo que vale por absurdos dilemas existenciales, una mujer a la que le están brotando alas de nuevo pero que no sabe qué hacer con ellas porque nunca le enseñaron cómo volar y se encuentra atada en tierra a sus recuerdos, sus fantasmas, sus amores imposibles o fallidos, su lealtad a cualquier persona que no sea ella, tantos y tantos límites que no para de ponerse en el camino… una mujer que se enoja y se frustra y que después maldice con precisión divina las razones que la han hecho volver a su albergue, un albergue que, después de todo, parece que está a punto de desaparecer.

Pd. Por si acaso eres tú quién está leyendo, ya no soy una mujer triste a causa tuya.

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>