Cuántas veces me sentí tan sola, sentía como una piedra que cargaba sobre mi humanidad y no me permitía ni levantar la cabeza.

Los ojos se llenaban de lágrimas de dolor cuando permitía que los pensamientos o recuerdos me ocuparan la mente. Al final se acababan las lágrimas pero la mirada quedaba siempre llena de tristeza y melancolía, como una tarde fría de otoño.

Las manos estaban vacías y no se daban la oportunidad de compartir nada con nadie. Se cerraban en un puño y dolía abrirlas. Eran la imagen del egoísmo.

Las piernas se negaban a caminar, se sentían como las de una enorme estatua, a lo mejor hermosa, pero inanimada totalmente. Con la mirada tan fija y dura como las piernas. Invadida de una tristeza casi demente.

Vivir así se convirtió en un martirio. El dolor y el egoísmo pronto alejaron a los más cercanos, después a los lejanos.

Hasta que un día todo ese dolor dio su amargo fruto: un cáncer de hígado.

Otra vez el dolor inundando la mente, sólo que ahora de manera diferente. Con miles de preguntas que no tenían más que una sola respuesta. “Tú así lo decidiste”.

De pronto, como un niño, hice la pregunta: si yo lo decidí así, ¿ahora podré decidir algo diferente?

“Todo está en ti misma”, llegó inmediatamente la respuesta.

Aun no soy una persona alegre, la mirada continúa triste, pero la gente que alejé empezó a sentir mi dolor, no mi rechazo; tantos amigos, tantas muestras de apoyo sincero, tantas sonrisas, consejos y ayudas me prodigaron. Ahora no tengo palabras para agradecer, tal vez algún día también a ellas las encuentre, o simplemente pueda decir un sencillo y sincero “gracias”.

Qué fuerte es pensar que necesité de un duro golpe para entender que soy importante y que debo amarme para poder amar todo lo demás. No estoy arrepentida, son cosas que uno vive sin mirar más lejos. Necedades que tenemos algunos.

En fin, poco a poco he ido recobrando sonrisas y pequeñas alegrías.

Pero la sonrisa que hoy tengo pintada en la cara, creo que será difícil de quitar. La noticia es: el cáncer está en remisión.

Salgo del consultorio y puedo mirar todo lo que hace tanto no me permitía ver. Incluso puedo ver el aire, oírlo, olerlo. Siento el aroma de la tierra húmeda que me llena todo. Casi veo las copas de los árboles y no me importa para nada que la lluvia me empape. Mis manos ahora están abiertas y dan y reciben. Creo que soy feliz.

¡Lo logré, lo decidí, ciertamente todo estaba en mí mismo! ¡Simplemente lo hice!

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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