Le estaba poniendo clarasol a las axilas de mis camisas blancas, cuando me di cuenta que era día de muertos, o sea mi día, porque como sabrán, yo estoy más muerta que Colosio. En fin que me dieron ganas de contarles la verdadera, la real, la neta  historia del día en que colgué los tenis.

Erase una vez el aniversario nupcial de una pareja hermosa de nombre Porfirio y Pepa. Bueno, vamos al grano, sin rodeos, sin escalas y sin tapujos: me morí echándome un palenque con mi viejo.

Así como lo oyen, me estaba echando un palenque de Vicente Fernández con mi querido Porfirio. No un trio, no piensen mal.  A mi viejo le regalaron unos boletos para una tocada de “Chente” y el muy jijo de la jujurria me llevó, sin saber que a mí, nunca me ha caído bien ese “Don” de cabello blanco y cejas negra, negras azabache. Entonces estábamos ahí con la gente llore y llore, grita que grita, más eufórica que en un orgasmo sin fin y yo con cara de “ojalá ya se acabe este martirio”, cuando volteo a ver a mi Porfis y él estaba igual de aguado. Entonces, le hice una seña pizpireta de “voy al baño ¿quieres ir?”, misma que respondió con el levantamiento de la ceja izquierda en señal de “ya la vamos dimos dando” y que entramos “solitos los dos, cerquita de Dios”, fue entonces que nos empezamos a echar un palenque y por andar de burlona con el extasis orgásmico sin fin, que me da a mí y pos ahí quede. Jiar, Jiar Jiar.

Luego les cuento cómo me sacaron, !qué sopor, qué pena, qué bochorno!

En fin, feliz día de muertos, los veo en las ofrendas, me ponen mi tequila, no sean jijos.

¡Me llevan cigarros raza!

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

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