El día estaba muy nublado y el viento llevaba en él una brisa helada. El ruido del motor de los autos y el humo de los camiones que se detenían enfrente, asfixiaban cada minuto que pasaba. Inquieto desde hacía tiempo la esperaba nervioso. Imaginaba lo que iba a pasar.

Desde que ella conoció a ese hombre las cosas habían cambiado.

Al otro lado de la acera la miró, parecía una imagen celestial envuelta en un vestido blanco que dejaba ver sus pantorrillas, se veía mucho mas joven de lo que era. Cuando ella lo encontró trató de cruzar la calle, los autos se lo impidieron, eso le dio tiempo para cambiar la expresión agobiada de su rostro.

Lo miró fijamente para no olvidarlo; su rostro, sus rasgos, su sonrisa fingida. Con los pies sobre el asfalto se inclinó para acercarse. Él evitó verla a los ojos pues sabía que no lo soportaría. Ella le acarició el cabello. Con voz muy suave le pidió que la entendiera; le aseguró que el tiempo los reuniría antes de lo que ambos pensaban. Quiso olvidarse del miedo, como si en realidad la entendiera aunque era imposible. Derramó algunas lágrimas mientras se acercaba para besar su mejilla, sin darle tiempo a pedirle que se quedara, que no lo dejara o, decirle al menos que la quería, se fue.

Han pasado años y desde entonces esa esquina se volvió su lugar. Pasa los días y muchas noches esperándola, con el deseo incesante de que el tiempo la traiga de vuelta. Trata de recordarla sin rencor. En ocasiones le cuesta trabajo imaginar su rostro. En espera de un nuevo rojo la gasolina le nubla la memoria, el amargo sabor le provoca nauseas. Después, mientras el fuego le quema los labios, la busca entre los autos y la gente, pues aunque cambien físicamente la sangre llama, más si es la de su madre.

about Daniel Bernal

Mitómano de profesión y vocación. Escribe porque no sabe hacer otra cosa –a veces duda también que sepa escribir–. Siempre ha tenido problemas con la autoridad; por eso renunció a su primer empleo a los once años, como cerillo de supermercado. Fracasó como músico y como emigrante. Ahora vive feliz entre libros, libretas y su mujer. De vez en cuando publica sus historias donde puede. Pero claro, todo lo anterior podría ser una más de sus mentiras.

3 comments
  1. Diana says:

    Casi me hace llorar 🙁
    Muy bonito, pero ouch si llega.
    Felicidades, me gustan tus cuentos 🙂

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