Estaba en un concierto gratuito en el zócalo cuando me acordé de mi hija “la china” porque a ella le hubiera gustado corear junto a mí una de la arrolladora.

La cosa es que le decimos la china no porque venga del oriente, ni porque tenga el cabello rizado, ni porque sea una hija de la chinada, ah que Pepa tan mamila. Le decimos así porque en efecto se parece a Yoko Ono y les confesaré que es mi culpa. ¡No! ¡No crean que me di a un Hiroito a un Bruzli o a un Taka Taka. Lo que sucede es que cuando la peinaba para ir al kínder, le hacía yo su cabellito hacía atrás, como lo pedían las profas, sin copete de código de barras y sin fleco de tizoc, o sea todo pa tras.

En fin que le agarraba la cola de caballo a mi chamacona, luego un cepillo de cerdas cerradas y a desquitar mi frustración durísimo desde su frentecita hasta la nuca, ufff y ufff, le daba yo unos jalonzotes en los que me traía hartos pelos pero que al terminar le dejaban su mata pegada al coco. Era perfecto el pinche peinado como para foto de certificado, pero cuando volteaba a ver su carita, ¡nombre!, los ojos le quedaban bien rasgados y, por supuesto, rojos, rojos de tanto aguantarse el llanto.

Tons de ahí se le quedó la china y pos nomás se los quería comentar, no tenia yo mucho que contar hoy. Jiar jiar jiar

Abur

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>