Había una vez una niña que vivía muy feliz. Tenía una familia a la que amaba mucho y una casa con un pequeño jardín. Su familia eran sus padres, una hermana mayor y un hermano menor. Todos la querían y la cuidaban mucho. Lo que más le gustaba es que vivían frente a un parque público a donde podía ir a correr cuando quería.

Realmente no podía correr mucho, más bien caminaba rápido, lo más rápido para que el viento le susurrara palabras, o a veces hasta le gritara, cuando tomaba más velocidad.

Tampoco podía hablar mucho, por lo que no podía compartir con los demás sus conversaciones con el viento. De todas formas ella siempre sonreía.

Su cara era redonda y sus manos regordetas, pero no le impedían ayudar a hacer galletas. Le fascinaba también lavar la estufa. Disfrutaba mucho de esas pequeñas cosas, pero lo que más gozaba era irse al parque a jugar y platicar con su viento, quien le hacía travesuras y la despeinaba un poco.

Ya tenía casi diecinueve años y le había platicado al viento que no sentía bien de salud, que veía cómo sus hermanos hacían tantas cosas, aún el más pequeño, pero ella no podía ni siquiera salir lejos, sólo podía ir a su jardín y al parque, acompañada siempre de alguien.

Un día de noviembre, ella dejó de ir y el viento empezó a sentirse preocupado y decidió visitarla en su recámara que afortunadamente en el día siempre tenía la ventana abierta. Se impresionó mucho cuando la vio recostada en su cama. Ella nunca perdía su sonrisa, pero se veía muy pálida y casi sin fuerza. Se alegró mucho cuando entró su amigo y la despeinó.

Platicaron un rato y el viento le dijo que tenía la solución a sus problemas. La citó en la noche en el parque, pero tenía que ser muy cautelosa para que no la vieran salirse de su casa.

Ella salió descalza y sólo cubierta con su delgada bata y como casi no podía caminar se sentó en una banca, el viento la acarició como nunca antes lo había hecho y ella se sintió muy complacida y poco a poco fue quedándose dormida. Lo último que escuchó fueron los gritos de su hermano que la buscaba.

El la encontró con su hermosa sonrisa y mucha paz en su rostro. Estaba helada y sobre su cabeza se sentía una leve corriente de aire que jugueteaba con su pelo.

Ella se llamaba Esmeralda y tenía síndrome de Down.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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