Me asusté mucho cuando empecé a sentir cómo me caía la tierra encima. Primero fue como polvo suave, pero en poco tiempo sentí ya las piedras más grandes cayendo sobre mí.

También sentí cómo el ambiente se oscurecía y en poco tiempo la casa se empezó a llenar de gritos y voces, de pies que se movían con agilidad y pronto había hombres hasta en la azotea.

Preferí evadirme un poco y empecé a recordar cuando llegué a esta casa, ya hace como 50 años. Mis padres me trataron con un gran cariño desde que me adoptaron. Me vieron crecer y yo sentía su orgullo y su afán porque mi existencia fuera placentera.

A cambio siempre les di mis mejores flores, unas rosas únicas, de un color rojo encendido, casi guindas y de enorme tamaño. Los vecinos siempre me decían cosas lindas cuando me veían, lo que me llenaba de auténtica felicidad.

Mis orgullosos padres también trajeron unas hermanas para mí, de diferentes colores; y también una noche buena que durante 10 meses se mantenía tímida y callada, pero en noviembre se volvía toda una belleza roja y verde. Le dejábamos el espacio para que ella luciera todo su esplendor en Navidad.

Pero mis padres poco a poco se fueron volviendo viejos, y aunque nunca dejaron de cuidarnos, pronto tuvieron que ser cuidados ellos mismos y desgraciadamente los veíamos poco.

Un día me di cuenta de que algo grave había sucedido porque llegó mucha gente vestida de negro. Podía sentir el dolor de muchos de ellos. Mis padres realmente eran apreciados por muchos.

Después todo se volvió silencio, sólo algunos vecinos nos seguían chuleando y se notaba su preocupación por nosotros.

Ahora me he enterado que los herederos vendieron la hermosa casa de mis padres para construir un moderno edificio, otro más de los tantos que han cambiado la fisonomía de mi colonia. A nadie le importó nuestra existencia, ni la de la jacaranda, ni la de la palmera, ni la de ninguna de las demás plantas del jardín de atrás.

Una vecina vino hace pocos días a pedir que me dejen ir con ella, les dijo que era un crimen ecológico lo que están cometiendo. Al parecer está viendo que regalen a mis hermanas también.

Por lo que oí, ahora luciré mis flores en un jardín de un lugar que no conozco, creo que se llama Tequisquiapan.

Estoy haciendo lo posible por resistir a todo este tiradero mientras me pueden mudar. Aunque sé que existe alguna esperanza para nosotros, añoro todo el cariño y amor de mis padres y más añoro su presencia.

Tristemente aprendí que el dinero que obtienen con la venta de los edificios, acalla las conciencias de muchos.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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