Jacobo y Sonia habían pasado muchos momentos inolvidables y habían compartido muchos años de sus vidas.

Al principio gozaban con lo más mínimo, todo les daba alegría, los atardeceres que veían desde la terraza, el vaivén de los árboles, el canto del viento, los trinos de las aves. También disfrutaban salir de paseo o de compras.

Unos años después la rutina empezó a hacer presa de ellos. Todos los miércoles iban al cine, pero más como costumbre impuesta que como algo lindo qué compartir. Los fines de semana los pasaban con la familia de Jacobo o con la de Sonia. Se divertían y trataban de pasarla bien, pero en el fondo había un gran aburrimiento.

Cuando iban en el auto los silencios que se hacían ya no eran de complicidad, sino de hastío.

Decidieron hacer un viaje para salir un poco de su rutina de trabajo y aburrimiento y tratar de rescatar lo rescatable de la relación.

El lugar era idóneo, la playa de arena blanca y aguas profundamente azules, rodeada de rocas y al fondo una isla. Además el hotel tenía todas las comodidades y los lujos que ellos se podían dar.

Fueron días buenos para ellos, platicaron, nadaron y jugaron como hacía mucho que no hacían y pudieron contemplar los atardeceres que tanto les gustaban y que en esa playa eran espectaculares.

El penúltimo día, mientras Jacobo iba por unas bebidas, recibió en el celular un mensaje de texto. A Sonia no le pareció incorrecto revisarlo y por poco se ahoga cuando leyó que una mujer le escribía frases cariñosas.

El poco interés que tenía en salvar su relación de la rutina y el aburrimiento, se acabó en ese momento, pero decidió no decirle nada a Jacobo y al regreso a la ciudad solicitarle la separación.

Sonia trató de portarse lo más amable que pudo y no mostrar su estado de ánimo durante el viaje de regreso.

Pocas calles antes de llegar a su domicilio un auto que venía a gran velocidad los embistió y Sonia perdió la vida instantáneamente. Jacobo quedó mal herido, pero no de muerte.

Tres semanas después salió del hospital y regresó a su casa, lleno de culpas y remordimiento pero con la tranquilidad de saber que Sonia nunca supo de su infidelidad.

Ahora, muchos años después, él sigue callado y aburrido ahora con su nueva esposa. Lo único que lo alegra un poco es contemplar los atardeceres desde la terraza.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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