Dicen que cuando uno es capaz de decir las cosas en voz alta está curado, ¿será mi cura decir esto en voz alta? No lo creo. Jamás lo haré. Aunque las palabras insistan en escaparse a través de mis ojos, jamás lo haré; aunque se me asomen detrás de la sonrisa, las condenaré a prisión perpetua y quedarán atrapadas en ese lugar del que nunca debieron salir. No habrá susurro ni gritos ni pergaminos que revelen este secreto.

Quizá es demasiado tarde y alguien allá afuera ya ha sido capaz de leer entre líneas cada vez que digo hola o hasta luego. Espero que no. Si es así, no quedará otra solución más que negarlo todo y seguir adelante. No, seguir adelante sería un error, cuando adelante significa un incremento casi imperceptible, pero constante. No, lo mejor sería volver atrás, al tiempo antes de que esas dos palabras comenzaran a gestarse, volver atrás mientras todavía sea tiempo.

Está allí, frente a mí, y ya no soy capaz de cruzar la calle con la seguridad de antes, porque siento que mi mente es como un libro abierto que cualquiera puede leer y pronunciar el conjuro; si así fuera no importaría que mis labios no emitieran la voz que le diera cuerpo, la maldición se habría liberado y con ella mi fin sería inminente. Pero es absurdo, porque nadie puede saber lo que otro piensa.

Con esto en mente, aspiro profundo, me armo de valor y cierro de nuevo esta puerta que insiste en abrirse para permitirles escapar a esas palabras que me condenarían. Después de asegurarme de que nada se ha colado al exterior, puedo continuar con mi actuación perfecta de valiente, de quien va por la vida ensimismado, indiferente a los otros y al contexto, como si no existieran, como si no importaran, como si no existiera nada más allá de la frontera de sus pensamientos y de sus sueños.

Pero existe, sigue ahí, siento su mirada, su respiración, su presencia… cada vez que hago un movimiento, cada vez que doy un paso o intento convencerme de que todo estará bien, porque al final las cosas siempre retoman su curso, pero no es cierto, no es así en todas las historias y quizá ésta sea una de ésas sin final feliz o yo soy sólo un personaje secundario que simplemente jamás llegará a verlo.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

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