Estaba en el ángel de la independencia celebrando a la selección cuando me acordé de mi cuñado “el Tanate”, le decíamos así porque de a tiro tenía forma de huevo, estaba bien gordo, chaparro y tenía unas chaparreras dignas de muñeco Tin Larín.

La cosa es que era bien jocoso, su mayor virtud era tocar la lira, contar chistes y tragar como pelón de hospicio. Nunca nos la pasábamos mal con él. Una vez en una cantina había un predicador que comenzó a pasarle la palabra. Así nomás que llega a nuestra mesa a sentarse a un lado de mi cuñado.

En fin que nadie lo peló, pero él Tanate lo veía con una devoción, una efervescencia y tan atento, que faltaban dos frases para convertirlo a su secta.

Pasaron unos 23 minutos con 17 segundos del monólogo divino, cuando se hizo un silencio en la cantina, de esos en los que parece que todos se han puesto de acuerdo para escuchar y, fue entonces que llegó el derecho de réplica de mi cuñado:

-¿Por qué mejor no me invitas unos tacos?

Por supuesto que todos y cuando digo todos, fueron ¡TODOS! los que se rieron a carcajadas con la sinceridad del pinche Tanate al dejar fluir sus palabras en un suspiro delicado.

¡Nombre! Nadie se esperaba esa absurda frase que desarmó durísimo al predicador, quien sutilmente se levantaba de la mesa con la mirada puesta al suelo, mientras se retiró pateando piedritas.

Jiar jiar jiar

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

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