Dael bajó primero asegurándose que las escaleras estuvieran en buen estado. Aura seguía sus pasos y esta vez la emoción por haber encontrado el búnker hizo que siguiera aplazando aquella noticia que tenía para su esposo. Después de todo quería un momento a solas con él, sin muertos de por medio y sin estar trabajando para decírselo.

Cuando tocaron suelo, ambos se abrazaron e hicieron su ritual de comienzo: una pequeña oración y juntaron sus frentes como tratando de unir sus pensamientos para tener éxito en su búsqueda. Ya preparados se adentraron teniendo aun un poco de luz exterior debido a la inclinación de la entrada.

Justo donde estaba la primera puerta terminaba la luz, entre el umbral y la poca iluminación donde estaba parada Aura se alcanzaban a leer unas letras encima de la puerta de hierro: HOLA SATANÁS, TE QUIERO.

La puerta se abrió sin problemas, solo rechinó como era de esperarse debido a la oxidación y falta de movilidad. El eco que generó retumbó hasta el fondo de la oscuridad chocando una y otra vez con un laberinto de pasillos que parecía interminable. Las primeras señas relacionadas con la leyenda eran los mensajes que aparecían frecuentemente en las paredes de los pasillos. Algunas letras ilegibles y otras que fácilmente se distinguían de grafitis de otros visitantes como ellos. En muchas de aquellas frases se plasmaban lamentos de la crueldad con que habían terminado con los soldados.

Apareció el primer callejón sin salida, se trataba de una especie de agujero que aparentaba un váter. La pestilencia del hoyo les confirmó sus dudas, cuando apuntaron la luz de sus lámparas portables vieron residuos de excremento, jeringuillas usadas y bichos rodeando aquella porquería.

Después de una hora de camino encontraron una puerta diferente a todas, el laberinto parecía tomar un nuevo camino. Se trataba de una puerta de seguridad de unos veinte centímetros de espesor que muy difícilmente pudo haber sido arrancada por los drogadictos o vagabundos. Dael intuyó que había sido arrancada tiempo atrás cuando empezaban a atrapar a los nazis después de la guerra. En el tiempo que la fábrica había cesado las actividades y simplemente era un refugio post-guerra.

about Diego Hernandez

Amante de las letras, compongo historias que resuenan entre murmullos, desde el lugar más recóndito de mi mente. Mis ojos conectan lo que el puño escribe.

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