Diciembre 29, 2011.

Las cosas no están más en su sitio.

No sé si he estado mintiendo o si solamente oculto la verdad de las cosas, ésas que ya no encuentran orden. A veces me siento tranquila y ésa tranquilidad es la que describo como algo irreal, porque constantemente espero el golpe, el impacto. Porque siento que sigo cayendo y que el caer nunca acaba. Porque sé que es del tipo de paz que se siente instantes previos a la guerra.

Lo que es un hecho es que traigo el corazón hecho pedazos. Casi molido en un fino polvo que aspiro sin querer y me termina obsequiando un ataque de asma y un lagrimeo muy similar al que da con una alergia de primavera. Me parece que soy alérgica a los residuos de mi corazón y sigo teniendo un miedo aterrador de encontrar otro, porque este ya es imposible de armar.

Entonces, en resumen, sigo fracasando… (¿Dónde estás Eamon, qué harías si me vieras ahora? ¿Cuáles serían tus palabras? ¿Cómo podrías ponerme en pie? No, no podrías, seguramente me toparías en el camino y voltearías el rostro lleno de vergüenza… te dije, te dije que yo no era, que no seré jamás…). No me es posible concebir a la pionera de un mundo paralelo con el corazón partido. No funcionaría, no funciona nada.

Mi única esperanza eres tú Aga. Tú me estás devolviendo la magia, estoy segura. Ahora lo incierto se ha vuelto una certeza. Ya los presagios son distintos y el poder que traes en la sangre es cada día más evidente. Tienes la señal en tu frente, el mismo símbolo de los pueblos antiguos que ahora en ti es invisible, ese mismo que me descubrió Ein como una cicatriz en la muñeca izquierda y que he decidido cubrir para protegerlo. Lo sé, eres la luz que va a armar ese mundo de nuevo, la heroína que ellos siguen esperando y que yo no he sabido ser. Nena, es difícil escribir acerca de esto pero lo seguiré haciendo porque al parecer es lo único que sí me sale bien, la única misión que puedo cumplir diáfanamente para, al final, no fallar tan irremediablemente.

Lo entenderás claramente algún día Aga. Ya lo verás.

Enero 27, 2012.

Estás creciendo muy rápido mi niña. Estás creciendo linda y fuerte, pareces un girasol en campo abierto y las abejas te revolotean encima festejándote, celebrando tu existencia. Algo está cambiando en el aire, hay algo que trae consigo el viento…

Nos están llamando, empezó como un susurro apenas así, bajito, una brizna ligera que viene desde el lejano mar y te acaricia el rostro, el movimiento es perpetuo y no podemos ignorarlo más.

Ahora mismo, mientras te escribo, en todos los sitios se están formando legiones, se están reuniendo semillas, estrellas, caracolas, agua dulce, se están cortando los viñedos, se recolectan auroras boreales, frutillas, avena, se bordan trajes de batalla en hilos de oro y plata, respectivos obsequios provenientes de los dioses de la naturaleza.

Las hadas están creando una canción de cuna, polvos mágicos que obliguen a la ensoñación, sirenas tejen con coral mantos llenos de sal y algas, la tierra se mueve, está cambiando a nuestro ritmo, cada respiración enardece el aire… nos están llamando a ser libres.

Tú eres mi fuerza. A veces, en las noches, las más solitarias, vienen los oscuros, esos demonios con los que habrá que luchar, vienen a verme y me debilitan con su falta de luz y sus pérdidas. Pero entonces pienso en ti, en todo lo que te depara, en la luz que le espera a nuestro mundo a causa tuya y lanzo las flechas, porque sé que mi herencia, mi locura, contigo están a salvo.

Es difícil de explicar lo que ocurre, todavía eres muy pequeña para entender muchas cosas. Pronto empezarás a hacer preguntas acerca de las cosas que irás descubriendo, como las luciérnagas que han decidido quedarse a vivir en tu jardín, esas que descubriste recientemente.

Ese mundo del que te hablo es una completa y hermosa locura, pero existe, ahí en los instantes previos a quedarte dormida o cuando estás a punto de abrir los ojos, en esa milésima de segundo en que parpadeas o miras por el rabillo del ojo y crees ver una figura (un dragón, un mago, un vestido en plena danza), en las mil formas que toman las nubes para hablarte o en la risa de Aeth cuando descubre el mundo a la par tuyo y abre grandes los ojos mientras te busca, riendo a carcajadas.

Espero y deseo con todo mi corazón y con toda mi alma que tú no olvides nada de lo que se te ha permitido ver a través de tu inocencia, que tú no la pierdas jamás, que mientras creces puedas mantener esa magia dentro de ti, pues tú eres el sitio más seguro para ponerla a salvo. Es probable que en ocasiones queme demasiado, pero eso te servirá para estar consciente de lo que resguardas, de lo importante que es que esa llama no se apague.

Yo soy ahora una adulta. He perdido mucho en el camino, me he vuelto dramática, fría, indiferente, traigo un desencanto sobre los hombros que pesa y debilita, una desilusión por mí misma que se ha enraizado en mi espíritu y se me desborda por la piel. La vida te coloca de pronto en el frente para recibir ciertos golpes que te van abriendo zurcos y de los cuales ya no te recuperas. A esos zurcos (que bien pueden formar figuras diversas), una vez que terminan de cerrarse y no quedan más que los vestigios en donde antes existió una herida abierta, se les llama cicatrices.

No tengas miedo de ellas porque la vida, Aga, también se construye a partir de su existencia y mientras vas creciendo vas a saber crear espacios en donde quepan cada una de esas memorias que ya no dolerán más.

Además, tú ya no estás sola. Aeth viene detrás de ti, pisando también esos mundos fantásticos con sus piecitos de canela, admirando e intentando seguirte como si fueses la guardiana de algo que tú llevas contigo y que ella no tiene que entender, porque ella también lo tiene y lo siente. Porque ha aprendido a amarlo.

Yo estoy en el proceso de redescubrir esos mundos secretos que desde tu llegada, están volviendo a florecer, al menos en mí…

Ya es tiempo.

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

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