Estaba guardárme el dinero en el brassieree para ir al tianguis, cuando me acordé de mis años mozos en que era niña y mis abuelo Gumersindo, me regaló un marrano negro al que nombré “El Comandante”.

Era un animal inteligente que parecía contestarnos y entender cuando alguien le hablaba. Todas las mañanas le decía:

-buenos días, mi comandante, ¿ya en la tragazón?
-grrrriiiick

Contestaba el infeliz, comiéndose el machihui que le daba. Además lo decía en un tono cortado y seco, como diciendo: “deje de estar molestando niña Pepa”.

Fue mi mascota preferida durante un año que lo cuide dándole unas tortillotas duras, pasto y hasta madera comía el desgraciado. Se puso grandote, más negro que una carbonería de barrio bajo y tenía unos pelotes canosos re vaciados. Cuando se enojaba se ponía a gritar como loco, una y otra vez, levantando las patas delanteras:

-grrrriiiick

Engordó más que luchador de sumo, se puso feo el condenado, los pelos se le hicieron gruesos y como una premonición, era idéntico a un comandante judicial.

Se vino mi cumpleaños y … ¡traz! Que le damos fuego. No saben que rico estaba, de tan feo era delicioso. No quedó nada él, todo se aprovechó y aunque al comer se me salía una que otra lágrima, se me hizo delicioso.

Desde ahí comprendí que no importa el aspecto, si no lo que lleves dentro y puedes dar a las personas.

¡RIP, Mi Comandante!

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

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