Casi siempre que nace un bebé la felicidad llena a los padres y a toda la familia. Cuando nació Ernesto, los padres, la familia y todo el que lo veía quedaba encantado al verlo. La cara del bebé era un poema a lo hermoso, todo él irradiaba un halo especial; pero sobre todo sus ojos. Tenía algo en la mirada que te subyugaba. Parecía que te asomabas a un pozo muy profundo. Eran muy, muy oscuros, pero también muy brillantes y sobre todo, parecía que sabía muchas cosas.

Las abuelas inmediatamente dijeron que era un niño con conocimientos muy antiguos, que había que esperar a que creciera para saber qué misterio les revelaría. Que se le notaba que era un alma vieja.

La verdad es que el pequeño creció ciertamente hermoso, pero como cualquier otro niño, con sus ternuras y sus berrinches, eso sí, con una inteligencia muy clara y sobre todo, con un brillo hermoso en sus ojos.

Hilario su padre, también era un hombre muy atractivo y tenía el don de presentir los peligros. En varias ocasiones tenían que salir de la casa desde temprano porque sabía que ese día habría un temblor. No precisaba la hora ni la magnitud de los hechos, pero siempre acertaba en sus predicciones. Por ese motivo, preferían prevenir que lamentar y pasaban el día fuera de la ciudad observando. Regresaban después del temblor y auxiliaban a los que lo necesitaran, o simplemente se iban a su casa, si es que la situación no había sido de mayor peligro.

Así transcurrieron los años y cuando Ernesto ya era adolescente empezó a coincidir con su padre en los presentimientos. Todo normal para todos que ya estaban acostumbrados. Las abuelas dijeron que probablemente había heredado el don de Hilario.

Cierto día se despertó Ernesto un poco inquieto, pero no dudó ni un instante en ir a buscar a su padre y con lágrimas en los ojos le dijo:

-Papá, hoy te vas a morir. Prefiero decírtelo temprano para que hagas lo que creas necesario.

Hilario sintió un vuelco en el estómago, nunca dudó de la veracidad de las palabras de su hijo. Pronto se tranquilizó y le dio un gran abrazo a su único hijo. Se dispuso a preparar sus cosas para poder dejar en paz este mundo. Arregló papeles, hizo llamadas a algunas personas y les dijo cuánto las amaba o cuánto significaban para él; eso sí, no lo hizo en forma de despedida, para no asustar a nadie, mucho menos a su esposa.

Pasó un gran día con su familia y por la tarde se dedicó a esperar, en paz y con la conciencia  muy tranquila. Le hizo una única recomendación a su hijo:

-Ten mucho cuidado cuando tengas algo que anunciar, porque no toda la gente está preparada o dispuesta a saberlo. Algunos, incluso, querrán explotar tu don o verte como un fenómeno.

La muerte para Hilario llegó muy calladita, disfrazada de infarto cerebral. Casi no dolió. Por la noche se dio la noticia, sorpresiva para los demás y dramática para su esposa. Fue un funeral muy concurrido.

Dos noches después, con un gran cansancio pero con más calma, Ernesto pensaba en que no era tan agradable tener ese don. Se juró hacer caso al consejo de su padre. Sólo a las personas más cercanas y más queridas y sobre todo a las que podrían tomar con calma las cosas, podría revelarles el día en que iban a morir.

A veces su madre lo veía preparar su atuendo luctuoso e intuía que alguien fallecería ese día, pero prefería no saber de quién se trataba. Por las dudas, ya desde hacía mucho tiempo, tenía arreglados sus documentos legales y se ocupaba de vivir de la mejor manera.

Observaba con gran amor a su hijo y cuando veía sus ojos oscuros, sabía que la razón de su mirada tan brillante y enigmática era por todo el conocimiento que poseía. Aunque bien a bien no se atrevía a ahondar en el tema.

Sabía que ella no era tan fuerte y no soportaría una noticia anticipada, así que le pidió no hablar nunca del asunto de su don y si tenía algo que ver con la muerte, prefería no saber nunca nada.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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