Ala Este

Tormenta eléctrica, 8°c, 5:20 pm.

Abriría con una disculpa por la ausencia infame de éstos últimos días, pero en vez de eso lo haré escribiendo lo malos que han sido ciertos espacios para escribir lo que se siente, y las posibilidades de que algo debo estar haciendo mal para que la inspiración me haya abandonado de esta manera tan despiadada… en realidad mis manos han estado renuentes a escribir, el papel se me puso celoso y los dedos sucumbieron ante una huelga demandante que hasta el momento, sigo sin poder negociar… será porque aprendí la vida a puño y letra y entre hojas de papel, pero entonces decirlo así suena como excusa.

Últimamente, pareciera que el mundo entero necesita un abrelatas (o dependiendo la situación un sacacorchos) para entrar a ver la maraña de lo que soy, definitivamente siguen faltando los sentidos y las rutas, ya no me sirve esa respuesta del gato risón a Alicia cuando le indica que si no sabe a dónde va no importa el camino que elija seguir… en fin, mi libertad es poca pero ahora no sé qué hacer con la que tengo y me da miedo ir descubriendo… ¿En verdad será que uno es quien elige su destino? siento que el mío cambia a cada instante, pero no acá adentro en este encierro que vivo por “mi propio bien” (que más bien pienso que es por seguridad de los demás porque me consideran un peligro) pero que al final del día, sigue siendo el mismo, los mismos malos augurios, la misma mala fe, nada de suerte… que ni siquiera sé qué es lo que existe y que no.

No estoy segura de si he estado rebuscándome en esa función repetitiva de la que él me ha hablado, pero sin duda alguna, siempre en abstracción parcial del mundo y su dinámica que me encantaría que fuera total (a veces se me olvida lo que me he inventado y lo que en realidad ha sucedido).

En resumen (si es que puede resumirse lo que he sentido en breve) parece que estoy y parece que bien, pero traigo encima algunas interrogantes enormes y por las tardes me da por llorar un poco, me desespera sobremanera el espacio en el que me encuentro ahora (espiritualmente hablando también vivo un encierro) y muchas veces me falta el aire, vivo cosas que no entiendo del todo y sigo siendo una extremista en los asuntos del alma… pero por otro lado, estoy perdiendo la pasión y eso me pone con un temor sin sentido. Muchos saben de sobra que puedo tener todo, excepto seguridad y eso me va quitando pedacitos todos los días…

Quizá sienta miedo de que mis palabras o mis acciones sean insignificantes, pero al menos sirven como un pretexto para acercarnos y recordar lo que compartimos, recordar que es tangible, que sigue latente en algún sitio.

Además, está Livia. Ella tampoco me la pone fácil. Escribo ahora que ella duerme, porque no le gusta la lluvia (a mí me encanta… esta ventana acuosa y los ruidos del cielo enojado me hacen volver a sentirme en casa, aunque no sea verdad).

¿Se dan cuenta? ya rebasamos la mitad de Agosto y yo he sobrevivido, algo muy bueno para alguien que siempre le ha temido al verano y al claro y odioso efecto que éste tiene sobre la memoria.

Pienso en mi hogar… ese sitio seguro donde me sentaba debajo del árbol amado para aliviar mis pesares. Vuelvo a tener dieciséis años. A éstas horas de sol, la terraza parece una sombra y las calles un silencio, en todos los sitios la ciudad duerme la siesta. Cierro los ojos y de pronto, otra vez el ala Este. Estoy en ambos sitios ahora. Prefiero estar aquí sentada, cómo frecuentemente lo hago, charlando con mis fantasmas que parecen ser los únicos que no soportaron la idea de dejarme ir y se han venido conmigo entre el equipaje o volando, qué se yo.

De nuevo viene a mí la visión de fuego y en alguna parte, mi pequeñísima fe ha movido una montaña… el tango resuena en mi corazón y sigo los pasos despacio, uno tras otro, soy una loca bailando a mitad de la tarde, sintiendo una mano sobre mi cintura, un aliento cerca de mi boca, presagiando un beso que jamás existió.

Quizás alguien aparezca de pronto y pase de largo al tiempo, a la distancia, quizás cuando abra los ojos efectivamente esté delante mío y sus manos ya no sean de aire y su boca dibuje otras notas de tango en mis labios… me acompañe en el té del anochecer, quizás cuando duerma regrese a su sitio, dejándome solo vestigios de un sueño.

Por ahora, me conformo con esta lluvia…

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

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