Ella, era muy jovial a pesar de su edad y de la vida no tan fácil que le había tocado.

Él, viudo desde hacía años, era tímido y retraído, a pesar de haber vivido bastante bien.

Ella había superado la tristeza del abandono del marido y de la partida de los hijos. Vivía sola sin que esto le ocasionara angustia alguna. Su salud, dentro de todo era buena. Se valía por ella misma, tenía un buen lugar donde vivir.

Él recientemente había decidido que si la vida le ponía alguna oportunidad de conocer a alguna señora que le agradara, trataría de vencer la timidez y la inercia de la soledad y probablemente se lanzaría a alguna aventura y, si la situación se prestara, a una vida en común.

Ella esa mañana salió a desayunar al cafecito de la esquina de su casa, que le parecía muy agradable, se llevaba siempre un libro y así pasaba la mañana leyendo.

Él descubrió esa mañana un cafecito que se veía muy agradable y se metió a tomar el desayuno.

Ella lo descubrió y le pareció un señor agradable.

Él la miró y le gustó inmediatamente, pensó que era justamente el tipo de persona con la que le gustaría tener una relación estable.

Ella lo miraba con insistencia discreta y seguía leyendo, esperando que él se acercara.

Él la miraba insistentemente, tratando de vencer la  timidez, pero después de un rato pidió la cuenta y se marchó.

Ella se sintió decepcionada, pero al otro día repitió la rutina con la esperanza de encontrarlo.

Él llegó puntual a tomarse su cafecito y a intentar aproximarse a la bella dama que tenía tan cerca y lo miraba con discreción.

Ella pidió la cuenta y salió del lugar, no sin antes dirigirle una coqueta sonrisa.

Él lo más que pudo hacer fue ruborizarse y prometerse que al otro día la saludaría.

Ella tuvo paciencia durante una semana y después se convenció que el galán era homosexual o que ella no le gustaba y dejó de ir al café.

Él siguió yendo con la esperanza de verla y hablarle. Todas las noches se hacía el juramento de acercarse a la mujer que ahora hasta insomnio le provocaba.

Ella salió temprano esa mañana a dar un paseo y disfrutar de su aislamiento personal que le permitía asomarse en ella misma.

Él la miró y el corazón le dio un vuelco, caminó tan rápido como pudo y cuando estuvo un paso detrás ella, la llamó y la volvió a llamar.

Ella siguió su camino, y tan feliz como había llegado al parque, se regresó a su casa.

Él se quedó muy triste y decepcionado porque cuando por fin se decidió a acercarse, la esquiva mujer ni siquiera fue para voltear verlo.

Ella regresó a casa, se puso su incómodo aparato para la sordera y se dispuso a seguir con su vida, con la esperanza de conocer algún día a alguien que fuera compatible con ella.

Él nunca volvió al cafecito ni al parque, porque no estaba dispuesto a sufrir otra decepción.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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