Luisa: Mamá, ¿por qué sale agua de los ojos cuando estamos muy tristes o muy felices?

Ele: Porque hace mucho tiempo, las personas descubrieron que caía agua del cielo y la llamaron lluvia. Y les pareció tan hermosa, que no pudieron dejar de mirarla. La miraron tanto que sus ojos la guardaron. Entonces, cada vez que se sentían tristes, recordaban ese espectáculo maravilloso y la lluvia guardada en sus ojos se derramaba como señal cariñosa de un instante mágico en sus vidas. Lo mismo pasaba cuando estaban felices. La lluvia guardada se desbordaba de sus ojos para recordar que todos llevamos un poco con nosotros.

Luisa: ¿Y por qué sabe salada?

Ele: porque el cielo está enamorado del mar. Ambos mantienen una correspondencia amorosa a través de la lluvia. Por medio de ella se mandan besos y secretos. Así que cuando las personas guardan lluvia en sus ojos, también guardan los besos y los secretos del mar. A veces, también, la lluvia es porque el cielo llora cuando lo lastiman…

Luisa: ¡Pobrecito cielo! ¿Pero qué es lo que le hacen para que llore de ese modo?

Ele: Bueno, ¿recuerdas esos edificios muy, muy altos que vemos cada vez que visitas a tus tíos en la capital? Pues se les llama rascacielos. Los rascacielos lo hieren al rasgarlo y cuando eso pasa, llora.

Luisa: Qué mal mamá. Además de que el cielo está triste por no estar cerca del mar, lo lastiman…

Ele: ¿Pero sabes algo? Las nubes son sus buenas amigas, tapan los huecos y limpian sus heridas. Las cubren primero, las lavan y después, se disuelven hasta dejarlo resplandeciente. Entonces viene el sol y termina de cicatrizarlo.

Luisa: ¿Y qué le hace la luna?

Ele: La luna le manda besos por las noches para terminar de reconfortarlo. Besos muy brillantes que se borran al amanecer y que son siempre nuevos con cada noche que llega. A veces puedes verlos volando. Pero debes fijarte muy bien porque son fugaces.

Y mientras su mamá apagaba la luz, Luisa pensaba lo lindo que sería abrazar el cielo y cantarle de cerquita una canción…

Si tan solo pudiera volar…

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

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