“Cualquier factor que lesione el corazón, válvulas o sistema de conducción hace que funcione como una bomba insuficiente. Aumento prolongado de temperatura, cuidados nulos y exposición prolongada a los déficits de ciertos factores  agotan el corazón y causan debilidad extrema disminuyendo la frecuencia del latido, hasta provocar el paro”.

-Anatomía del Corazón, Universidad de Oviedo (UNIOVI), 2008-

 

Las cortinas abiertas dan hacia la pequeña terraza de donde cuelga una pequeña campana que carga consigo tres libélulas de latón. La noche ya ha caído sobre nosotros, un poco tarde porque por acá las noches son perezosas y prefieren dejar que el atardecer insista en tomar por sorpresa ciertos espacios. Escucho “Esbozos en Carbón” y trato de acomodar las ideas y las emociones del día, pero parece que cada vez me cuesta más trabajo concentrarme en un sitio que no siento mío. Además, soy distraída constantemente los últimos días, por la tristeza, lo que me ha hecho pensar en un fragmento de “El Albergue de las Mujeres Tristes” que dice así:

“Inmóvil, caía Floreana con la tarde, hasta que se borró la acuarela; no hay más que la tinta de la noche… cada día todos dicen menos. Cada día todos sienten menos. Cada día todos aman menos…” qué razón… no hay espacio suficiente y al mismo tiempo desde la cama en que dormí hasta las estrellas, puedo abarcar el que deseé para poder transformar mi realidad, tomarla entre mis manos como una suave masa que puedo moldear a mi gusto, hasta darle la forma que quiero.

Precisamente es ése el libro que me he encontrado arrumbado por aquí, en la parte alta de un estante mientras intento (no sé por qué número de vez ya) romper con los vestigios de una historia de alguien que he amado tanto, que al final se quedó lejos y me rompió el corazón de cerca. Quise con todas mis fuerzas que existiera un albergue de este tipo, entre las montañas de algún lugar perdido con vista al mar, quizás en el interior de un faro desde donde pudiera ver el acantilado para, si en algún momento el dolor era demasiado, poder subir hasta la cima del faro y tirarme sin ningún remordimiento.  Pero mi único refugio, en ese entonces, era este sitio desde donde escribo ahora y que sin duda, me ha quitado el mal de amores más de una vez… (Deseo con todas mis fuerzas que está vez también funcione…)

Y es así como he convertido este lugar en mi propio albergue, el día de hoy de a ratos he sido una mujer triste, no precisamente por soledad si no por ignorante, una mujer que está temerosa y ansiosa a la vez, que sigue sin convencerse de lo que vale por absurdos dilemas existenciales, una mujer a la que le van a brotar alas de nuevo pero que no sabe qué hacer con ellas porque nunca le enseñaron cómo volar y se encuentra atada en tierra a sus recuerdos, sus fantasmas, sus amores imposibles o fallidos, su lealtad a cualquier persona que no sea ella, tantos y tantos límites que no para de ponerse en el camino… una mujer que se enoja y se frustra y que después maldice las razones que la han hecho volver a su albergue…

No sé si mi manera de decir “Te Amo”, sea distinta y tan poco entendible ahora.

En realidad cada cosa que vivo al respecto, algunas ilusiones y un montón de palabras las voy colgando por ahí para ver si entiende el mensaje o le provoca unos celos terribles, o hago que reaccione de algún modo y me haga saber que él igual la pasa miserable sin mí (a veces, no todo el tiempo, quizás por las noches) la realidad es que la mayoría de las cosas que hago en ese sentido, las imágenes que tomo, lo que escribo, van con el propósito único de hacerle recordar cómo era estar conmigo… en fin, cada acto que he realizado ha tenido que ver con las ganas de hacerle volver… pero a partir de este momento, ya no más.

Sus silencios y su forma de responderme cuando se lo digo, la manera en que le hace saber al mundo sus circunstancias (no las sé de ciertas, perdónenme si las creo, pero es el único medio para saberle) y de hablar conmigo (porque sólo de esa forma tengo la certeza de que se trata de mí, cuando de otra forma no se trata de mí nunca) me hacen pensar en últimas veces.

Aunque me siga, aunque me lea… aunque de cierta forma está presente, no me lo hace saber. Ningún te amo, ningún te extraño, nada que me haga poder continuar con lo que siento por él. No es reproche, le dije  en otra ocasión que no tiene que ser recíproco, pero no puedo con las ganas desbordantes de decirlo una vez más…

Lo amo en azules y  cascadas, en el té de la media tarde y las noches en que duermo sola, en el bullicio de mi día y las travesuras de mis alumnos, en el horizonte de neblina y el camino roto,  por su ausencia y los besos perdidos,  cada vez que dibujo su perfil de invierno en la ventana o las sombras bajan desde la colina apuntando a mi corazón cuando me deja hablando con el aire…

No sé qué pase mañana, pero sé que es la última vez que se lo escribo, porque me llega el momento, desde esta distancia que parece imposible, con un dolor inexplicable, de que empiece a moverme en ese sentido, a otro sitio, aunque mi corazón siga lleno de su esencia. Necesito arrancarme estos ojos para verlo de otro modo y no como un hombre al que amo.

No podía quedarme con esto acá dentro… perdón si parezco dramática.

¿Ha quedado claro?

Lo que siga después, será nuestra búsqueda en el otro como una forma de desaparición definitiva.

(¿Es así?… en las cercanías algo se rompe, se quiebra, estalla en pedazos… ¿Es así?)

Perdiéndonos uno al otro.

Pero esta noche y por si acaso, alguien hágale saber que le construyo dos palabras para que las destruya:

“Te amo”

Y pónganle punto final

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

2 comments
  1. Carmen León Ramírez says:

    Qué buena manera de transmitirnos esos sentimientos tan profundos. ¡Felicidades una vez más!

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