La larga fila de padres e hijos se apostaba desde la acera hasta las inmediaciones de la delegación. Muchos niños descubrían su enfado bajo el sol de verano, y los padres, que habían sido citados horas posteriores a su llegada; aguardaban con una ficha y la documentación a la mano. El dirigente delegacional daba instrucciones. Habían de presentar la ficha junto a la fotocopia de la boleta y la credencial de elector. Muchos padres especulaban sobre el monto del vale escolar, mientras otros, sólo permanecían ahí, para no privarse de la pequeña ayuda que les brindaría el gobierno.

Las lonas de los recientes postulados electorales, se bamboleaban con el viento y, aunque el sol acaecía con determinación sobre la pancha, muchos jóvenes jugaban frontón en el muro, al otro extremo.

Los conitos de papel del expendedor de agua, se habían terminado. Es que pedí permiso en el trabajo, decía una madre que taconeaba, impaciente en el suelo, mientras esperaba su turno. Otras más, aseguraban haber pedido el día para poder ser acreedoras del vale. Eran pocos los niños que no estaban cansados de cargar sus voluminosas mochilas, y de querer ir al baño; los padres, para no perder su lugar, se turnaban uno a uno para conducirlos detrás de las jardineras que estaban hacía los lados.

Se abrieron las ventanillas, de las cuatro existentes; sólo dos en servicio. Una agrupación de son jarocho, tocaba en el escenario, antecediendo a un discurso. Las personas se mostraban coludidas por el falso contacto, del parlante. Asomaban distraídos por el costado de la línea para contemplar la fluidez del trámite, pese al número de ventanillas; avanzaba con agilidad y prometía que la espera, duraría poco, lo que les embargaba cierta duda.

Los primeros en llegar a las ventanillas, dieron con un vale que no lograba siquiera, la paridad con dos centenas, muchas caras largas, se desincorporaban de la fila, principalmente, familias de clase media. Los más ubicados atrás, lo ignoraban todo, sólo veían que cada vez fluía la cola más rápido.

Luego de agotar el repertorio de canciones, la delegada daba un discurso a manera motivacional desde el palco.

Es prurito nuestro
hacer de tu vida
una vida más digna.
Erigir una constitucionalidad
con base a la necesidad
del pueblo.

Algunos rostros indignados permanecían en la hilera, sin más remedio.

Parecía el trámite llegar a su fin. El sol se ocultó por un momento y los niños corrían a jugar con los muchos globos amarillos y blancos, desperdigados por la explanada de la delegación. La delegada, antes de retirarse, dio algunos apretones de manos a gente que aún lucia con un dejo de esperanza en los ojos. La secretaria recolectaba las muchas peticiones encausadas en varias cartas.

La naturaleza de la fila perdió su esencia. A principio se percibía la mezcla de clases: niños con tenis buenos, madres con licras de gimnasio o, padres con camisas polo y relojes de tentativas marcas. Y otros tantos, con ropa y pertenencias, apegadas al presupuesto. Esos son los que permanecían en la fila, y que con un jalón de orejas a sus niños, les hacían saber que pronto irían a casa. Se lamentaban haber pedido el día; era más un día de su salario, que lo que recibieron. Esa grosería dejó a algunos padres, marcados. Tomaron a sus niños y los llevaron a grandes papelerías para demostrarse a sí mismos de tener solvencia y ser pudientes, mientras los otros, con el mismo pesar; se fueron de nueva cuenta a hacer fila, cerca de las zapaterías del centro para hacer de su vale, canjeado.

about VBahena

(1993) Ciudad de México. Ha colaborado en diversas revistas de habla hispana y publicado el poemario “Limbo de agua” UNAM (2014).

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