El futuro ha dejado de ser lo que era. Cuando ya no haya brillo en tus ojos, cuando parezca que todo terminó, si nunca comenzó, cuando ya no haya más abrazos, no más caricias, no más detalles, si parece que nunca las hubo en realidad…

Cada paso sin ti, es una verdad que me hace callar… hoy no más, hoy debo callar para siempre. Siento que te he perdido y me pregunto si alguna sola vez te he tenido entre llantos, soledad, demonios, ruido, golpes, medicamentos y tanta gente. Los signos son visibles e internos, ahora sé que no me necesitas. El temor no es a estar solo, el miedo no es a que no me ames, la angustia no es a que un día como hoy te alejes para siempre, el insomnio no es que vayas con otro, la pesadilla, mi loca, no es esa…

La muerte de cada día es que cuando llegue el momento tú ya no te acuerdes de mí, no digamos de mis ojos que alguna vez te causaron alivio, o de mi boca o de mi voz, si no de los recuerdos, aquellos instantes donde el silencio y las miradas prolongadas decían todo por nosotros. Y temo que está empezando a suceder todo aquello que no creí que sucedería… están quedando muy atrás las tardes enteras en la vieja buhardilla del fondo escuchando a Debussy, Mozart o Brahms, las prisas por las mañanas para vernos a solas en el patio azul, los secretos, las pistas para vernos a escondidas, tu mano jugando con la mía debajo de la mesa a la hora del té, verte escribir cartas nostálgicas para evadir tristezas, la increíble espera de algunos atardeceres para finalmente estar juntos, las secretas claves, los planes de secuestro, tu mirada color ámbar, el jardín que Monet nos pintó en otro siglo sin saber que existiríamos más allá de sus sueños, el amor imposible de la loca y su amigo imaginario, la fabricación de alas para poder vivir dentro del viento, el simple hecho de compartir, el otoño e Irlanda, bailar bajo la lluvia y tener la certeza de saberla cómplice, la gracia del arete en tu nariz, la creación asombrosa del aroma de lima en tu cabello, el pretexto de una enfermedad mental, los versos, los sueños, los instantes mágicos… y tanto más que se me viene al corazón y no acaba por estar en palabras…

Me vas a hacer falta los años que están por venir, pero yo sí te recordaré y está tan claro como que hoy me posesiono de tu nombre, de tu cuerpo, de tu boca, de tus manos y salgo a la superficie a escribir esto en papel, donde con el paso del tiempo permanecerá y no se irá tan al olvido.

Estaré bien, ya no tengo que esperar esa promesa de regresar, de volver a encender, como cuando niña, la luz para ahuyentar a tus fantasmas.

Hasta siempre, estás curada.

Desde el jardín…

P-

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

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