¡No van a durar mucho!, decían algunas lenguas viperinas y envidiosas. ¡Son demasiado jóvenes!, ¡pobres!, decían otros. Yo escuchaba esos comentarios y no entendía por qué pensaban así. Años después entendí que la juventud y la osadía les causa envidia a muchas personas “adultas”

Yo veía a los novios y me emocionaba de verlos tan guapos, parecían niños haciendo su primera comunión. Él de 20 años y ella con apenas 18 pero con todo el ímpetu de comerse el mundo a mordidas y sintiéndose totalmente maduros para enfrentar toda una vida juntos.

Previo a la ceremonia, todo era movimiento y caos, preparar el mole y el arroz con los que se lució la mamá del novio. Elaborar cadenas de papel de china para adornar las paredes, labor que compartieron las hermanas del novio que apenas eran unas adolescentes. Los vestidos estaban listos desde la semana anterior, así como los trajes del hermano mayor y del novio, que lucirían guapísimos para la ocasión.

En la casa de la novia se vivía una emoción similar. Era una familia más numerosa y eso hacía que tanto el caos como la cooperación de todos fuera mayor.

El día de la ceremonia, todos llegaron puntuales a pesar de que era el primer día del año aa temprana hora. Algunos invitados se notaban tremendamente desvelados y con la fiesta todavía encima.

Ya como marido y mujer disfrutaron la fiesta, que fue realmente como todos esperaban, mucho que comer, mucho que beber y mucho qué celebrar.

Iniciaron su vida con mucha alegría y con algunas estrecheces económicas. Pronto vinieron los hijos, y muchas más responsabilidades y trabajo, pero juntos hicieron frente a la realidad.

Ella, una de las mujeres más trabajadora que habíamos conocido, esforzándose desde la mañana hasta la noche que acostaba a sus hijos. Él buscando afanosamente cumplir con sus obligaciones de marido y de padre, sin perder su alegría natural.

Pero no todo es miel sobre hojuelas en la vida. El punto de ruptura llegó años más tarde. Por un tiempo él tuvo que regresar a casa de su madre y ella redobló sus esfuerzos para seguir adelante con su familia de cuatro hijos.

Afortunadamente, no duró mucho esa separación. Decidieron darse su segunda oportunidad y alejarse de su ciudad natal, emprender una nueva vida. Vendieron sus propiedades y pronto estrenaron casa y tranquilidad.

No ha sido fácil para ellos ver crecer a los hijos y los problemas de los hijos, sus propios problemas y los de la familia, pérdidas de padres y hermanos, pero siempre dándose uno a otro la fortaleza, codo a codo y hombro con hombro.

A los que vaticinaron que no durarían mucho, les quiero decir que el próximo 1 de enero celebrarán sus Bodas de Oro. 50 años de casados, que se dicen muy fácil pero que no se viven de la misma forma.

Felicidades Ángel y Rosario, y que la vida les conceda seguir juntos y disfrutar la paz, la tranquilidad y el amor por el que tanto han luchado.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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