Al Tiempo, por detenerse siempre que se lo pido.

(¡Felices cumple-días Carlos!)

No sé por qué extraña razón, escribí una felicitación y después la borré, la volví a escribir y la volví a borrar.

Hoy me decido a escribirla de nuevo, pero del lado de acá, a final de cuentas, para los cumpleaños de un Tiempo como tú, no es jamás demasiado tarde ni demasiado temprano.

Si de mí dependiera, en estos cumple-días, te daría una historia de ogros y princesas, un faro lejano, una luna llena,  un cielo despejado, un jueves eterno, lluvia en la ventana, una estrella fugaz, mariposas azules, sandalias orientales, un parpadeo, una vela encendida, una paloma en el balcón.

Si pudiera obsequiarte algo, te daría un verano en las manos,  girasoles en los ojos y algodón de azúcar en los labios (al final tus palabras son siempre dulces).

Te arrebataría los relojes que cansan tu paso, las horas que adornan tus hombros y tu frente. Pondría en las manecillas del mundo ornamentos de flores y frutos rojos para que todos supieran que hoy, se trata de ti, para que la gente dejara de vivir tan de prisa y volteara a ver tus maravillas y se inclinara ante ti para agradecerte las canas, los llantos, las cicatrices.

No tengo historias ni hallazgos importantes, así que te obsequio el cariño en mis palabras y la admiración en el abrazo que de lejos estoy dándote.

Gracias por detenerte justo cuando todo se derrumba y calmar mis sombras y mis miedos con tu andar lúdico.

Sé infinitamente feliz Tiempo, aunque de pronto te detengas, que tu magia no.

about Lillian Hosking

Treinta y tres años haciéndole al cuento. Zurda por herencia. Loca medicada de manicomio, favor de fijar desde ahí cualquier expectativa.

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