Hay que ser como los gatos: estar siempre atentos, siempre alerta aunque parezcan dormidos; ser perseverantes y no dejar que se te vaya vivo el instante por mucho trabajo que te cueste atraparlo, porque un momento así es como un agujero de gusano que se derrumba en el mismo momento en que se está creando, tienes menos de un nanosegundo para echarte un clavado al corazón de ese alguien, pero debe ser en el nanosegundo justo: cuando te ha abierto la puerta de sus ojos y todas sus vías están libres para que te deslices como en un tobogán.

No debes dudarlo, podría costarte el viaje o la llegada, incluso el medio de transporte. Eso pasó cuando me estrellé con la evasión de tus pupilas, cerradas de golpe para mí tan rápido como se abrieron. Ni siquiera entendí qué ocurrió. No. Lo dudé, eso fue. No eran las circunstancias adecuadas para mí, pero intenté hacer cálculos, medir, poner en la balanza… demasiadas cosas que me impidieron concentrarme en mantener esas pupilas dilatadas, lo supe cuando mi cara se estrelló contra tu indiferencia. Era demasiado tarde.

¿Pero fue así? Quizá nunca abriste por completo tu puerta más que para dejar entrar el aire, para oxigenar tu aburrimiento. El problema está en que me quedé atrapado entre dos dimensiones, la de mi mundo antes de ti, cuando no eras más que unos ojos bonitos, una sonrisa cálida que no caía mal para amenizar la charla, y la del post Vesubio; no podría llamarlo de otra forma, porque me diste avisos que no supe interpretar, ligeras descargas, nubes que me invadían por completo unos segundos y me dejaban pensando en ti, sin embargo, seguí negando el desastre hasta que me vi allí, en medio de la erupción ya sin posibilidad de escape, aunque lo intenté, pero fue demasiado tarde, aunque, para cuando hube aceptado mi destino, comenzaron a correr los créditos finales, y me quedé ahí, esperando la muerte o el Deus ex machina absurdo que me devolviera a mi vida antes de ti.

Todo está oscuro, no hay música ni campanas ni pájaros ni margaritas. Sólo palomas de hielo y visiones de la nada. Sigo buscando el camino de regreso, pero no lo encuentro, atrapado en el limbo veo abrirse muchas vías, pero ninguna parece ser la mía, pues llego cuando el agujero se ha desmoronado o alguien se ha lanzado en él. Quizá sea el momento de dejar de esperar y construir el mío, pero ¿hacia dónde? cada vez que trato de programar la dirección aparece tu rostro, tus brazos, tus manos, tus ojos sin pupilas, sólo partes de un tú que nunca existió. Ahora lo entiendo.

Voy a dormir, pero antes lavo mi rostro sucio después de un arduo día intentando hallar una salida, y de pronto lo veo claro, ahí frente a mí está la puerta, tu imagen se desvanece y, mientras más te vuelves nada, mis pupilas más se abren. Ya no te necesito, nunca lo hice en realidad. Ya no hay más dudas y me lanzo sin pensarlo. El viaje más difícil ha comenzado.

about Rita Cerezo

Tonalá Chiapas (sine data). Afortunadamente me topé con los mitos antes que con los cuentos de princesas, y con Poe antes que con Corín Tellado; eso me llevó a aprender Latín, Griego y tratar de ganar almas para los dioses olímpicos entre los desorientados adolescentes de la UNAM. Lo de escribir fue un vicio que empezó muy temprano, actualmente estoy en tratamiento en un grupo de apoyo, no para dejarlo -ya vi que es imposible-, sino para degustarlo mejor.

1 comment

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>