El 4 de octubre es una fecha a la que ella siempre le tuvo miedo. Cuando era muy pequeña en ese día murió su padre. Coincidentemente 20 años después, en el mismo día, murió un hermano de su papá. Desde entonces, esa fecha quedó señalada como algo fatídico para toda la familia.

Ella no guarda muchos recuerdos de su padre, más bien tiene muy pocos y los demás son heredados de lo que le platicaban su mamá y sus hermanos mayores. Sólo dos recuerdos tiene muy nítidos: cuando el papá las peinaba a ella y a su hermanita mayor, les hacía trenzas y al final se las amarraba con el listón que la mamá había dejado para el efecto, o si no, con algún mecatito delgado que tuviera a la mano; la ternura y delicadeza de ese acto le quedó muy grabado en la mente.

El otro recuerdo claro que tiene son los ojos de su padre, de un verde profundo y hermoso, enmarcados por una ojeras oscuras y marcadas. Este es un recuerdo muy personal, porque cada uno de sus hermanos habla de un tono de verde diferente y ella no está al 100% segura que su recuerdo sea muy fiel a la realidad.

Por todo eso, el miedo hizo presa de ella en ese otro 4 de octubre  en que iban a someter a una cirugía a su hija. Además estaría en el hospital acompañándola sin nadie más. Sólo ella con la paciente.

Aparentemente estaba tranquila, pero por dentro los nervios se la comían. Trataba de hacer las cosas de la mejor manera, pero al final terminaba cometiendo torpeza tras torpeza.

Por cábala, a nadie le mencionaba sus miedos, pero platicaba secretamente con el espíritu de su papá y le pedía que nadie más de la familia tuviera que morir en esa fecha.

Cuando estaba arreglándose frente al espejo, súbitamente notó que sus ojos cafés se habían vuelto verdes; notoriamente verdes, hermosamente verdes, del mismo tono que recordaba eran los de su padre.  Para ella, esa fue la señal que recibió de su papá y supo perfectamente que había hecho el trato con ella.

Primero se asombró y luego empezó a admirar el color que a todas luces le lucía muy bien.

Salió del baño y su hija no le mencionó nada del cambio de color, por lo que volvió a verse en el espejo y claramente vio que seguían siendo verdes.

Durante la tarde estuvo tranquila, con la seguridad de que su  hija estaría perfectamente bien. Se sintió con tensión durante las tres horas que duró la cirugía, pero pudo soportar bien la espera. Cuando por fin la volvió a ver, con una sonrisa de satisfacción por el éxito de la cirugía, dio las gracias a su padre y se dispuso a atender a su hija de la mejor manera.

En cuanto tuvo tiempo, corrió al espejo del baño para ver si sus ojos seguían siendo verdes, lo que comprobó con un gesto de vanidad.

Han pasado varios años de este pacto secreto con su padre, nadie más se ha ido en esa fecha y sus ojos continúan verdes cuando se mira al espejo,  no importa que nadie más lo note.

about Carmen Leon

Hippie de corazón, pero fresa por naturaleza. Adoradora de los Beatles y los Doors. Cuentera y platicadora desde siempre. Poseedora de muchos datos inútiles. Recientemente amiga muy cercana de Franco Deterioro.

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