Me estaba lavando las patas con carbonato, porque a veces a una le sudan durísimo y el olor a Fritos es inevitable cuando me acordé del temblor del 85. Pos fíjense que a mí me agarró como al tigre de Santa Julia y que me levanto del asiento divino porque creí que se me iba a caer una lámina de las que cubrían mi letrina.

Nombre, pegué un salto del sustote que hasta regresó lo que salía a dónde no tenía que volver y mi gran preocupación era que, para que no se volaran las laminas del baño, les había puesto unas macetotas de barro bien pesadas.

Que me salgo tan rápido como pude y que voy a despertar a Porfirio, pero se había puesto una guarapeta el día anterior y estaba anestesiado, aún con ese tufo a licor que tanto nos gusta. La cosa es que por más que lo moví,nomás no despertó el infeliz.

Ni modo, me dije, que El Santo Niño de Atocha lo proteja y que me llevo a mi bola de chamacos debajo de la higuera, en dónde pensé que lo pior que podía pasarnos era que nos picara un alacrán, pero no, afortunadamente desayunamos unos higotes prietos prietos, harto azucarados, aunque ahora me preocupaba que se volvieran diabéticos mis mocosos, así que les di su té de ajenjo pal espanto y santo remedio.

Lo cierto es que fue una tragedia en la que muchos perdimos gente que amábamos y espero que jamás se repita.

Por ellos y por su memoria, un responso desde mi corazón lleno de colesterol.

about Pepa

Ruca libidinosa, de origen mixteco con aires de grandeza y debilidad por los jóvenes apuestos, actualmente muerta cuyo vínculo con el más acá es el infernet.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

You may use these HTML tags and attributes:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>